Demons.
El verano se pone turbio, violento y en su incandescencia, los rayos que emite el sol se reflejan sombríos y opacos.
Abigael tiene cinco pares de tenis, su peor inversión fue la de hace un año al comprarse unos de marca en aquella tienda donde era gerente, los demonios al ser expulsados y perseguidos si salen con vida de su hogar, deben adaptarse al mundo de los humanos, deben renunciar un poco a ser quienes son, a sus poderes, a sus siglos en el mundo sobrenatural y adoptar las formas de humanos, deben ponerse a trabajar, porque ya no tienen el mismo nivel de vida y eso Abigael lo sabe muy bien, se ha rajado el lomo los últimos años haciendo de panadera, cajera, alguna que otra actividad de administración y siempre soportando las burlas de sus parientes infernales, siempre la ponen a prueba, la juzgan y la cuestionan, no le interesa y ya lo toma con humor.
El verano en su hórrido calor, se pone a veces frío, no le gusta sentirse acalorada le recuerdan aquellos viejos días, aquellos climas extraños de su reino, le recuerdan cuando la gente moría de sed y ella no podía hacer nada, recuerda los paisajes y el olor a metal y a óxido, el paño que acariciaba la cara de la gente, banquetas sin pavimento, las casas con la madera podrida y un tiradero en los pórticos, no le gusta acordarse de su casa, el verano lastima sus pies y se siente el calor retumbando en las construcciones, estremeciéndose entre las frentes de los pobres que no han tenido mejor suerte que ella, Abigael levanta la frente y olvida un poco el pasado y esos orígenes.
También podría crear versos tristes, que hablasen de la nostalgia asentada en la taza de café del día de las madres, de la miel agazapada hasta el fondo de cualquier alacena, podría contar sobre el ojo que se puso blanco porque la luna desparramó poca harina ahí y el panorama se ve borroso y de hologramas, Abigael tiene cinco pares de tenis, unos se los regala Maria Luisa y otros Yasmín, otros los compra en tres pesos en el tianguis del sábado, Abigael ahora, es la maestra de los niños en la casa del señor de la paz, pocos saben que es Abigael, sólo dos personas y no la juzgan, creo que hasta la quieren un poco más.
Abigael necesita una blusa blanca porque el domingo hubo convivio y se manchó de guisado, la hermana Irma es muy exigente con los UJIERES y Abigael debe ir presentable, y hay noches muy parecidas a cuando dormía escondida atrás de los árboles en su reino, y ella miraba el cielo porque ahí también hay un cielo verde amarillo, y pensaba como sería la vida de los humanos, el vientecillo que olía a carbón le refrescaba su rostro de reptil y sus ojos ámbar, se clavaban en las estrellas negras.
Ayer en la oración a Abigael le escribieron una carta por ser maestra... Hoy es el día del maestro.
Y le da gusto pues, a sus familiares del infierno... Nunca les buscan con buenos ojos y sólo para ciertos fines.