Café tostado

Las nubes caminaban a nuestro paso, cada tantos segundos dejábamos de ver el camino para mirarnos y recordar la última sonrisa en nuestros labios. –El tiempo ha pasado en voz baja– sin hacerse notar, con el recuerdo de la primera presión en nuestras bocas y las ansias del silencio antes de la siguiente palabra.

-Reloj- hoy te veo cansado de marcar las horas, mientras ella, descansa a ojos cerrados con los rizos surcándole el rostro, apacible, muda, tan íntima como la imaginaba cuando en mis sueños soñaba, que no podría contemplar a nadie, de esta forma.

Hueles a café ausente, ese aroma que me dejas cuando te vas, cuando cruzas la pista y me quedo al otro lado de la acera, observando tu próximo reflejo ante la luz verde. Hueles a café tostado, listo para deslizarse entre mis labios, antes de escribir, después de leer y a la hora de inhalar tu fragor cítrico, ácido y dulce.

Está por amanecer y todavía pienso en el día que te fuiste, dejando espacios llenos, una taza sobre la mesa, la cocina intacta como si tu no presencia fuera momentánea y tu regreso inminente, pero no. La vida continúa desde entonces, y todas las mañanas salgo a caminar, paseando al perro, ordenando el cuarto, leyendo el diario, luego pongo a hervir el agua, preparo dos tazas de café, esperando que vuelvas, me des un beso y me digas: no ha pasado nada.


Realmente triste, pero hermoso, muy hermoso. Un placer leerle. Saludos
 
Las nubes caminaban a nuestro paso, cada tantos segundos dejábamos de ver el camino para mirarnos y recordar la última sonrisa en nuestros labios. –El tiempo ha pasado en voz baja– sin hacerse notar, con el recuerdo de la primera presión en nuestras bocas y las ansias del silencio antes de la siguiente palabra.

-Reloj- hoy te veo cansado de marcar las horas, mientras ella, descansa a ojos cerrados con los rizos surcándole el rostro, apacible, muda, tan íntima como la imaginaba cuando en mis sueños soñaba, que no podría contemplar a nadie, de esta forma.

Hueles a café ausente, ese aroma que me dejas cuando te vas, cuando cruzas la pista y me quedo al otro lado de la acera, observando tu próximo reflejo ante la luz verde. Hueles a café tostado, listo para deslizarse entre mis labios, antes de escribir, después de leer y a la hora de inhalar tu fragor cítrico, ácido y dulce.

Está por amanecer y todavía pienso en el día que te fuiste, dejando espacios llenos, una taza sobre la mesa, la cocina intacta como si tu no presencia fuera momentánea y tu regreso inminente, pero no. La vida continúa desde entonces, y todas las mañanas salgo a caminar, paseando al perro, ordenando el cuarto, leyendo el diario, luego pongo a hervir el agua, preparo dos tazas de café, esperando que vuelvas, me des un beso y me digas: no ha pasado nada.

Maravillosa, profunda y sentida prosa nostálgica donde las haya, recordando aun no haciéndose a la idea la ausencia del ser amado.
Me fascina sobre todo el cierre...¡Magistral!
Un placer pasar y disfrutar de tus letras Álvaro.
Saludos cordiales
 
Maravillosa, profunda y sentida prosa nostálgica donde las haya, recordando aun no haciéndose a la idea la ausencia del ser amado.
Me fascina sobre todo el cierre...¡Magistral!
Un placer pasar y disfrutar de tus letras Álvaro.
Saludos cordiales
Gracias por su tiempo de leer este breve espacio.
 

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