Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Calavera del poeta ignorado
Mesándose los cabellos
estaba un día, un poeta,
de no brillantes destellos
y perspicacia muy quieta;
con angustia y con azoro
para sí, se preguntaba,
el porqué nadie, en el foro,
sus poemas comentaba.
Llega, en eso, la Calaca
y a ella pide respuesta;
de su duda ella lo saca
cuando, irónica, contesta:
-Si quieres ser popular
en los poéticos foros
no precisas de un versar
más reluciente que el oro;
-te basta con que comentes
y alabes a tutiplén
los poemas que otras gentes
suelen publicar también;
-y si tienes que ensalzar
vacuas letras sin sentido
no debes de titubear
si pretendes ser leído.
-y verás que, cual milagro-
siguió diciendo la Huesuda:
-tu versar antes tan magro
lo creen digno de Neruda.
-Y hasta quizás algún premio
te conceda algún jurado
por ser, del poético gremio,
un miembro muy destacado.
Al ver que muy pensativo
el buen bardo se quedó
de este mundo de los vivos
la Flaca lo despachó.
Y, sin más, en helada huesa
lo echa rauda la Huesuda
donde ya, nuestro poeta,
ni se acongoja ni suda.
Mesándose los cabellos
estaba un día, un poeta,
de no brillantes destellos
y perspicacia muy quieta;
con angustia y con azoro
para sí, se preguntaba,
el porqué nadie, en el foro,
sus poemas comentaba.
Llega, en eso, la Calaca
y a ella pide respuesta;
de su duda ella lo saca
cuando, irónica, contesta:
-Si quieres ser popular
en los poéticos foros
no precisas de un versar
más reluciente que el oro;
-te basta con que comentes
y alabes a tutiplén
los poemas que otras gentes
suelen publicar también;
-y si tienes que ensalzar
vacuas letras sin sentido
no debes de titubear
si pretendes ser leído.
-y verás que, cual milagro-
siguió diciendo la Huesuda:
-tu versar antes tan magro
lo creen digno de Neruda.
-Y hasta quizás algún premio
te conceda algún jurado
por ser, del poético gremio,
un miembro muy destacado.
Al ver que muy pensativo
el buen bardo se quedó
de este mundo de los vivos
la Flaca lo despachó.
Y, sin más, en helada huesa
lo echa rauda la Huesuda
donde ya, nuestro poeta,
ni se acongoja ni suda.
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