miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con la tradicional y muy mexicana factura de calaveras me inicié en el mundo de las letras. Apapachos para todos.
Calacas covideras 2020
Este año no hay procesión
ni desfile de calacas,
ni Xantolo ni matracas
y ni sones de montón.
Ya no hay cantos en náhuatl
ni una vianda zapoteca
ni siquiera en la huasteca
cantan la Xochipltzáhuatl.
Incluso los matlachines
han suspendido su danza
y perdiendo la esperanza
han guardado los violines.
Bajo sus pesadas losas
los pútridos esqueletos
parecieran estar quietos
encerrados en sus fosas.
Cada muerto en su sepulcro,
cada tumba en su panteón
cada muerto en su rincón
manteniendo todo pulcro.
Apagado en un sudario
se oye un triste lamento
¡Oh qué triste apartamiento!
¡Qué morir tan solitario!
No fue culpa de la vid
tampoco fue del catarro
ni del humo del cigarro
fue del funesto covid.
Parando bien las orejas
un calaca deforme
se levanta, e inconforme
exige cesar las quejas:
“¡Difuntos, no es para tanto
no son funestos sus males,
pues ya hay redes sociales
y llegan al camposanto!”
A la vuelta de un segundo
se oye un continuo tecleo
que atravesando el Leteo
ha llegado a este mundo.
Los altares son virtuales,
las veladoras de led,
las fotos en la pared
se proyectan verticales
De los vivos con los muertos
en vez de un triste velorio
se organiza un gran jolgorio
con los rostros bien cubiertos.
Por la tele y en papel
con su paciencia de santo
nos bendice, mientras tanto,
Huguito López Gatell.
¡Anda, Susana Distancia,
párate en aquella loma
si la jeta alguien asoma
mándalo a la otra estancia
Calacas covideras 2020
Este año no hay procesión
ni desfile de calacas,
ni Xantolo ni matracas
y ni sones de montón.
Ya no hay cantos en náhuatl
ni una vianda zapoteca
ni siquiera en la huasteca
cantan la Xochipltzáhuatl.
Incluso los matlachines
han suspendido su danza
y perdiendo la esperanza
han guardado los violines.
Bajo sus pesadas losas
los pútridos esqueletos
parecieran estar quietos
encerrados en sus fosas.
Cada muerto en su sepulcro,
cada tumba en su panteón
cada muerto en su rincón
manteniendo todo pulcro.
Apagado en un sudario
se oye un triste lamento
¡Oh qué triste apartamiento!
¡Qué morir tan solitario!
No fue culpa de la vid
tampoco fue del catarro
ni del humo del cigarro
fue del funesto covid.
Parando bien las orejas
un calaca deforme
se levanta, e inconforme
exige cesar las quejas:
“¡Difuntos, no es para tanto
no son funestos sus males,
pues ya hay redes sociales
y llegan al camposanto!”
A la vuelta de un segundo
se oye un continuo tecleo
que atravesando el Leteo
ha llegado a este mundo.
Los altares son virtuales,
las veladoras de led,
las fotos en la pared
se proyectan verticales
De los vivos con los muertos
en vez de un triste velorio
se organiza un gran jolgorio
con los rostros bien cubiertos.
Por la tele y en papel
con su paciencia de santo
nos bendice, mientras tanto,
Huguito López Gatell.
¡Anda, Susana Distancia,
párate en aquella loma
si la jeta alguien asoma
mándalo a la otra estancia