Calculado en tiempo supone infinidad.

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA

La ciudad de todas partes eres tú. Está concebida como un grandioso poema sinfónico. De tu mirada sale la mejor música, el latido acompasado de tu corazón, y mi oído escucha tu alma. La ciudad está entre el cerebro, el sentimiento, la belleza, y tu voz. Donde tu paz interior deja paso a una sonrisa fácil, su fragancia enloquece mis neuronas. Huele a silencio sin demostrar, a las amapolas en el trigal, a corazón humilde sin traspasar. Me has disparado bohemia abierta por donde asoman tus soledades. La flecha trae aire invisible, entra en mi pecho como un roce levísimo de luz, abriéndolo como quien abre las puertas de una ciudad que no existe. Una ciudad con textura de aire pálido, delgadísimo y lento, como una caricia que no me dan pero que noto, aire apenas aire. Ese aire femenino, delicado, sutil, de tacto leve como agua finísima que sacia y da sed al mismo tiempo. Aire de tu rocío deslizándose por mi recuerdo inacabablemente, que no es otra cosa que mi ciudad cayendo en la voz de tu memoria. Bajo un cielo que brilla en húmedos colores, te desnuda con la niebla. Mi ciudad es el eco del eco de tu nombre abierto hacia la nada. Restos de un sueño palpitando aún en el vacío. Cuando entro en él, me doy cuenta de que me estás esperando con los labios a punto de la sonrisa, dispuesta a abrir los ojos y decir; me miraste mientras dormía. Cierto, casi conseguí tocarte, también me di cuenta de que lo que soñabas era uno de mis sueños.
En este lugar eterno extendido en el tiempo, hoy hace noviembre. Sopla viento del norte, es ya fresca la brisa. Espero que vengas, calculado en tiempo supone infinidad. Mientras, me pregunto si sólo coincidirán a un mismo tiempo y en un mismo espacio, la ciudad y nuestras sombras.
 
Última edición:
Un lugar donde guarecerse es esa ciudad de contenido, esa fragancia que seduce y esa esencia que hace imaginar las calles aún por descubrir, le falta la voz para que tome la vida que quisiste para ella, le falta la imagen para visualizar el empedrado, pero está la huella del poeta en cada línea. No obstante, volveré cuando hayas acabado de asfaltar el camino hasta tu puerta.

Abrazos

Palmira
 
Última edición:
Buena prosa, me dejaste con ganitas de leerte más. ABRAZOS
 
Un lugar donde guarecerse es esa ciudad de contenido, esa fragancia que seduce y esa esencia que hace imaginar las calles aún por descubrir, le falta la voz para que tome la vida que quisiste para ella, le falta la imagen para visualizar el empedrado, pero está la huella del poeta en cada línea. No obstante, volveré cuando hayas acabado de asfaltar el camino hasta tu puerta.

Abrazos

Palmira

Saludos, Palmira. Aprecio tu huella.
Gracias por el lindo comentario.
 
Es una prosa que atrapa en su lectura, pareciera ver la escena y tu estampa melancólica mientras evocas, deseas y dejas pasar el tiempo. Las imágenes, las expresiones, deliciosas, imaginativas, sinceras. Me gusta mucho.
Un abrazo!!
Fuerte abrazo, Mave. Me sirvo de tu cálido comentario para subir esta prosa. Gracias por dejar tu huella.
 

La ciudad de todas partes eres tú. Está concebida como un grandioso poema sinfónico. De tu mirada sale la mejor música, el latido acompasado de tu corazón, y mi oído escucha tu alma. La ciudad está entre el cerebro, el sentimiento, la belleza, y tu voz. Donde tu paz interior deja paso a una sonrisa fácil, su fragancia enloquece mis neuronas. Huele a silencio sin demostrar, a las amapolas en el trigal, a corazón humilde sin traspasar. Me has disparado bohemia abierta por donde asoman tus soledades. La flecha trae aire invisible, entra en mi pecho como un roce levísimo de luz, abriéndolo como quien abre las puertas de una ciudad que no existe. Una ciudad con textura de aire pálido, delgadísimo y lento, como una caricia que no me dan pero que noto, aire apenas aire. Ese aire femenino, delicado, sutil, de tacto leve como agua finísima que sacia y da sed al mismo tiempo. Aire de tu rocío deslizándose por mi recuerdo inacabablemente, que no es otra cosa que mi ciudad cayendo en la voz de tu memoria. Bajo un cielo que brilla en húmedos colores, te desnuda con la niebla. Mi ciudad es el eco del eco de tu nombre abierto hacia la nada. Restos de un sueño palpitando aún en el vacío. Cuando entro en él, me doy cuenta de que me estás esperando con los labios a punto de la sonrisa, dispuesta a abrir los ojos y decir; me miraste mientras dormía. Cierto, casi conseguí tocarte, también me di cuenta de que lo que soñabas era uno de mis sueños.
En este lugar eterno extendido en el tiempo, hoy hace noviembre. Sopla viento del norte, es ya fresca la brisa. Espero que vengas, calculado en tiempo supone infinidad. Mientras, me pregunto si sólo coincidirán a un mismo tiempo y en un mismo espacio, la ciudad y nuestras sombras.

Dejas unas imágenes impresionantes, un sentir de cada una de las palabras, que acaricia tu delicada y sensible pluma. Los espacios-tiempo, también pueden resultar eternos, dentro de esa infinidad que los ocupan.
Magnífica y sensual tu encantadora prosa.

Un abrazo grande, grande.
 

La ciudad de todas partes eres tú. Está concebida como un grandioso poema sinfónico. De tu mirada sale la mejor música, el latido acompasado de tu corazón, y mi oído escucha tu alma. La ciudad está entre el cerebro, el sentimiento, la belleza, y tu voz. Donde tu paz interior deja paso a una sonrisa fácil, su fragancia enloquece mis neuronas. Huele a silencio sin demostrar, a las amapolas en el trigal, a corazón humilde sin traspasar. Me has disparado bohemia abierta por donde asoman tus soledades. La flecha trae aire invisible, entra en mi pecho como un roce levísimo de luz, abriéndolo como quien abre las puertas de una ciudad que no existe. Una ciudad con textura de aire pálido, delgadísimo y lento, como una caricia que no me dan pero que noto, aire apenas aire. Ese aire femenino, delicado, sutil, de tacto leve como agua finísima que sacia y da sed al mismo tiempo. Aire de tu rocío deslizándose por mi recuerdo inacabablemente, que no es otra cosa que mi ciudad cayendo en la voz de tu memoria. Bajo un cielo que brilla en húmedos colores, te desnuda con la niebla. Mi ciudad es el eco del eco de tu nombre abierto hacia la nada. Restos de un sueño palpitando aún en el vacío. Cuando entro en él, me doy cuenta de que me estás esperando con los labios a punto de la sonrisa, dispuesta a abrir los ojos y decir; me miraste mientras dormía. Cierto, casi conseguí tocarte, también me di cuenta de que lo que soñabas era uno de mis sueños.
En este lugar eterno extendido en el tiempo, hoy hace noviembre. Sopla viento del norte, es ya fresca la brisa. Espero que vengas, calculado en tiempo supone infinidad. Mientras, me pregunto si sólo coincidirán a un mismo tiempo y en un mismo espacio, la ciudad y nuestras sombras.

La ciudad de todas partes eres tú. Está concebida como un grandioso poema sinfónico. De tu mirada sale la mejor música, el latido acompasado de tu corazón, y mi oído escucha tu alma. La ciudad está entre el cerebro, el sentimiento, la belleza, y tu voz. Donde tu paz interior deja paso a una sonrisa fácil, su fragancia enloquece mis neuronas. Huele a silencio sin demostrar, a las amapolas en el trigal, a corazón humilde sin traspasar. Me has disparado bohemia abierta por donde asoman tus soledades. La flecha trae aire invisible, entra en mi pecho como un roce levísimo de luz, abriéndolo como quien abre las puertas de una ciudad que no existe. Una ciudad con textura de aire pálido, delgadísimo y lento, como una caricia que no me dan pero que noto, aire apenas aire. Ese aire femenino, delicado, sutil, de tacto leve como agua finísima que sacia y da sed al mismo tiempo. Aire de tu rocío deslizándose por mi recuerdo inacabablemente, que no es otra cosa que mi ciudad cayendo en la voz de tu memoria. Bajo un cielo que brilla en húmedos colores, te desnuda con la niebla. Mi ciudad es el eco del eco de tu nombre abierto hacia la nada. Restos de un sueño palpitando aún en el vacío. Cuando entro en él, me doy cuenta de que me estás esperando con los labios a punto de la sonrisa, dispuesta a abrir los ojos y decir; me miraste mientras dormía. Cierto, casi conseguí tocarte, también me di cuenta de que lo que soñabas era uno de mis sueños.
En este lugar eterno extendido en el tiempo, hoy hace noviembre. Sopla viento del norte, es ya fresca la brisa. Espero que vengas, calculado en tiempo supone infinidad. Mientras, me pregunto si sólo coincidirán a un mismo tiempo y en un mismo espacio, la ciudad y nuestras sombras.

Dejas unas imágenes impresionantes, un sentir de cada una de las palabras, que acaricia tu delicada y sensible pluma. Los espacios-tiempo, también pueden resultar eternos, dentro de esa infinidad que los ocupan.
Magnífica y sensual tu encantadora prosa.

Un abrazo grande, grande.
 

La ciudad de todas partes eres tú. Está concebida como un grandioso poema sinfónico. De tu mirada sale la mejor música, el latido acompasado de tu corazón, y mi oído escucha tu alma. La ciudad está entre el cerebro, el sentimiento, la belleza, y tu voz. Donde tu paz interior deja paso a una sonrisa fácil, su fragancia enloquece mis neuronas. Huele a silencio sin demostrar, a las amapolas en el trigal, a corazón humilde sin traspasar. Me has disparado bohemia abierta por donde asoman tus soledades. La flecha trae aire invisible, entra en mi pecho como un roce levísimo de luz, abriéndolo como quien abre las puertas de una ciudad que no existe. Una ciudad con textura de aire pálido, delgadísimo y lento, como una caricia que no me dan pero que noto, aire apenas aire. Ese aire femenino, delicado, sutil, de tacto leve como agua finísima que sacia y da sed al mismo tiempo. Aire de tu rocío deslizándose por mi recuerdo inacabablemente, que no es otra cosa que mi ciudad cayendo en la voz de tu memoria. Bajo un cielo que brilla en húmedos colores, te desnuda con la niebla. Mi ciudad es el eco del eco de tu nombre abierto hacia la nada. Restos de un sueño palpitando aún en el vacío. Cuando entro en él, me doy cuenta de que me estás esperando con los labios a punto de la sonrisa, dispuesta a abrir los ojos y decir; me miraste mientras dormía. Cierto, casi conseguí tocarte, también me di cuenta de que lo que soñabas era uno de mis sueños.
En este lugar eterno extendido en el tiempo, hoy hace noviembre. Sopla viento del norte, es ya fresca la brisa. Espero que vengas, calculado en tiempo supone infinidad. Mientras, me pregunto si sólo coincidirán a un mismo tiempo y en un mismo espacio, la ciudad y nuestras sombras.

Terminar de leerte y sentirse aún dentro del tiempo, en ese noviembre y ese viento... el eco. ¡Wow! realmente hermoso. Qué bello trabajo.

Saludos
 
Dejas unas imágenes impresionantes, un sentir de cada una de las palabras, que acaricia tu delicada y sensible pluma. Los espacios-tiempo, también pueden resultar eternos, dentro de esa infinidad que los ocupan.
Magnífica y sensual tu encantadora prosa.


Un abrazo grande, grande.
Mil gracias y mil besos, María. Inmensa alegría recibir tu visita y disfrutar con el hermoso comentario.
Abrazo gigante.
 
Un lugar donde guarecerse es esa ciudad de contenido, esa fragancia que seduce y esa esencia que hace imaginar las calles aún por descubrir, le falta la voz para que tome la vida que quisiste para ella, le falta la imagen para visualizar el empedrado, pero está la huella del poeta en cada línea. No obstante, volveré cuando hayas acabado de asfaltar el camino hasta tu puerta.

Abrazos

Palmira
Camino asfaltado, Palmira. Fuerte abrazo.
 

La ciudad de todas partes eres tú. Está concebida como un grandioso poema sinfónico. De tu mirada sale la mejor música, el latido acompasado de tu corazón, y mi oído escucha tu alma. La ciudad está entre el cerebro, el sentimiento, la belleza, y tu voz. Donde tu paz interior deja paso a una sonrisa fácil, su fragancia enloquece mis neuronas. Huele a silencio sin demostrar, a las amapolas en el trigal, a corazón humilde sin traspasar. Me has disparado bohemia abierta por donde asoman tus soledades. La flecha trae aire invisible, entra en mi pecho como un roce levísimo de luz, abriéndolo como quien abre las puertas de una ciudad que no existe. Una ciudad con textura de aire pálido, delgadísimo y lento, como una caricia que no me dan pero que noto, aire apenas aire. Ese aire femenino, delicado, sutil, de tacto leve como agua finísima que sacia y da sed al mismo tiempo. Aire de tu rocío deslizándose por mi recuerdo inacabablemente, que no es otra cosa que mi ciudad cayendo en la voz de tu memoria. Bajo un cielo que brilla en húmedos colores, te desnuda con la niebla. Mi ciudad es el eco del eco de tu nombre abierto hacia la nada. Restos de un sueño palpitando aún en el vacío. Cuando entro en él, me doy cuenta de que me estás esperando con los labios a punto de la sonrisa, dispuesta a abrir los ojos y decir; me miraste mientras dormía. Cierto, casi conseguí tocarte, también me di cuenta de que lo que soñabas era uno de mis sueños.
En este lugar eterno extendido en el tiempo, hoy hace noviembre. Sopla viento del norte, es ya fresca la brisa. Espero que vengas, calculado en tiempo supone infinidad. Mientras, me pregunto si sólo coincidirán a un mismo tiempo y en un mismo espacio, la ciudad y nuestras sombras.
Tiempos y espacios extendidos en esa alfombra que es puro sabor de
una espera. abrir la ciudad de una, hacerla escarcha y presagiar
un traslado de luz indicada. felicidades por el bello espacio recreado.
luzyabsenta
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba