Cálculos

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Calculus, así llamaban los del antiguo Lacio, tiernamente,
a cada piedra con que enseñaban a sumar
a sus vástagos, ya plebeyos o patricios o esclavos;
les enseñaban el ábaco, el abecé, el abracadabra,
y solo la aritmética era justa:
una piedra más por cada oveja más; por cada vaca menos,
te descalabraban;
nunca aprendí el cálculo diferencial, y tú tampoco,
pero el diferencial médico ha concluido que:
tengo piedras en los pulmones, calcificaciones,
mínimas friolentas estatuas envueltas en mocos,
y que no hay nada de qué preocuparme
porque son inocuas, trilobites fósiles de fiebres infantiles;
pero ocurre que llevó meses preocupado
desde que en la fotografía paisajística en blanco y negro
de la Isla de Pascua de mi tórax aparecieron, soterrados,
esos moáis, y los galenos me miraron, cejijuntos, fruncicejos,
como un perro choto en las purititas costillas,
y vinieron las indagaciones, los juicios sumarios,
¿Usted fuma?; Sí, señor desde los catorce,
y aparecían, entonces, los gestos sentenciosos, las caraeculos,
y se les notaba las ganas de gritarme: qué pendejo,
pero me remitían a otros estudios, a otros cálculos,
a diestros matasanos que veían las marmóreas piedrecitas
y buscaban tentáculos, un kraken desde los alveolos
hasta los huevos gonadales, pero siempre evitando pronunciar
la palabra horrenda que empieza con C de cáncer,
porque mi sangre, en los gráficos, era siempre Edén
para basófilos, neutrófilos, plaquetas y hematíes,
y cuando me sentía con la/s piedra/s al cuello al borde de la tabla,
determinaron, en la table Redonda de los caballeros Cuadrados,
que una Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico, Erge,
no el Arjé sintético, asintomático para los flemáticos,
me había quemado hasta las muelas del juicio de la aorta,
y que lo que parecían piedras en los pulmones
eran solo piedras en los pulmones, pequeñitas, calculus sonrientes,
simples cicatrices prepuberales de la varicela
por un Esterbrook romantizadas, hiperbolizadas;
pero, no, nada de qué preocuparse, amigo Pedro;
le voy a recetar cápsulas de Omeprazol por las mañanas;
Ranitidina no porque estudios sugieren que es cancerígeno,
y venga a verme el jueves, porque no me gusta esa macha
en la radiografía de su tiroides, pero no se asuste…
Y aquí estoy, sentado al mediodía, en el jardín de la clínica,
con ganas de mandarlos a todos a la… esa palabra horrenda
que empieza con V de Verga,
y alabando a Diosito porque no me llama aún a rendir cuentas,
piedras de contar, a Pedro, la Piedra,
de nuestras fallidas existencias,
y encendiendo, gracias oxígeno, otro cigarro.

22 de febrero de 2023
 
Última edición:
Mi abuela paterna huía de los médicos como del mismísimo diablo, y mi padre ha heredado la misma "alergia", ella se murió a los 90 y mi padre tiene 83. Pero a nosotros, hermano, con la vida de vicio y pecado que arrastramos no nos salva ni San Merlín.
Y además, nuestras maltratadas células ya no sabrían vivir sin su bendita y generosa dosis de nicotina y alcohol cervecero, ... se marchitarían como las margaritas en otoño. No le des más vueltas, amigo, confiésate por si acaso, a disfrutar y hasta que el cuerpo aguante :D.
Brindo contigo por tu buena salud y por tu excelente obra con una cerveza gigante y un omeprazol ;).
Un abrazo!
 
Calculus, así llamaban los del antiguo Lacio, tiernamente,
a cada piedra con que enseñaban a sumar
a sus vástagos, ya plebeyos o patricios o esclavos;
les enseñaban el ábaco, el abecé, el abracadabra,
y solo la aritmética era justa:
una piedra más por cada oveja más; por cada vaca menos,
te descalabraban;
nunca aprendí el cálculo diferencial, y tú tampoco,
pero el diferencial médico ha concluido que:
tengo piedras en los pulmones, calcificaciones,
mínimas friolentas estatuas envueltas en mocos,
y que no hay nada de qué preocuparme
porque son inocuas, trilobites fósiles de fiebres infantiles;
pero ocurre que llevó meses preocupado
desde que en la fotografía paisajística en blanco y negro
de la Isla de Pascua de mi tórax aparecieron, soterrados,
esos moáis, y los galenos me miraron, cejijuntos, fruncicejos,
como un perro choto en las purititas costillas,
y vinieron las indagaciones, los juicios sumarios,
¿Usted fuma?; Sí, señor desde los catorce,
y aparecían, entonces, los gestos sentenciosos, las caraeculos,
y se les notaba las ganas de gritarme: qué pendejo,
pero me remitían a otros estudios, a otros cálculos,
a diestros matasanos que veían las marmóreas piedrecitas
y buscaban tentáculos, un kraken desde los alveolos
hasta los huevos gonadales, pero siempre evitando pronunciar
la palabra horrenda que empieza con C de cáncer,
porque mi sangre, en los gráficos, era siempre Edén
para basófilos, neutrófilos, plaquetas y hematíes,
y cuando me sentía con la/s piedra/s al cuello al borde de la tabla,
determinaron, en la table Redonda de los caballeros Cuadrados,
que una Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico, Erge,
no el Arjé sintético, asintomático para los flemáticos,
me había quemado hasta las muelas del juicio de la aorta,
y que lo que parecían piedras en los pulmones
eran solo piedras en los pulmones, pequeñitas, calculus sonrientes,
simples cicatrices prepuberales de la varicela
por un Esterbrook romantizadas, hiperbolizadas;
pero, no, nada de qué preocuparse, amigo Pedro;
le voy a recetar cápsulas de Omeprazol por las mañanas;
Ranitidina no porque estudios sugieren que es cancerígeno,
y venga a verme el jueves, porque no me gusta esa macha
en la radiografía de su tiroides, pero no se asuste…
Y aquí estoy, sentado al mediodía, en el jardín de la clínica,
con ganas de mandarlos a todos a la… esa palabra horrenda
que empieza con V de Verga,
y alabando a Diosito porque no me llama aún a rendir cuentas,
piedras de contar, a Pedro, la Piedra,
de nuestras fallidas existencias,
y encendiendo, gracias oxígeno, otro cigarro.

22 de febrero de 2023
Uy, que miedo, yo también tengo piedras de calcio en los pulmones y nunca he fumado, y el doctor me dice que respire fuerte. Desde hoy voy a respirar fuertote. Muy buen poema Pedro, espero que el C no esté presente, pero si está, ya no es tan mortal si se ataca a tiempo. Suerte y un abrazo.
 
Mi abuela paterna huía de los médicos como del mismísimo diablo, y mi padre ha heredado la misma "alergia", ella se murió a los 90 y mi padre tiene 83. Pero a nosotros, hermano, con la vida de vicio y pecado que arrastramos no nos salva ni San Merlín.
Y además, nuestras maltratadas células ya no sabrían vivir sin su bendita y generosa dosis de nicotina y alcohol cervecero, ... se marchitarían como las margaritas en otoño. No le des más vueltas, amigo, confiésate por si acaso, a disfrutar y hasta que el cuerpo aguante :D.
Brindo contigo por tu buena salud y por tu excelente obra con una cerveza gigante y un omeprazol ;).
Un abrazo!
Qué fortuna, carnalito, que cuentes con tu jefe y que tengas recuerdos de tus abuelos; los abuelos casi siempre parecen criaturas de nuestra imaginación.

Afortunadamente, siempre he gozado de buena salud, pero en los últimos tiempos mi tren de vida como que me ha destripado un poco y esto me ha enfrentado a esos seres a los que siempre he considerado agentes de una moderna Inquisición: el personal médico. Las enfermeras, particularmente, tienen eso que Nabokov llamaba atributos ninfícos, es decir, demoniacos, ja, ja, y me gusta verlas con sus impecables uniformes hasta que se te acercan con una jeringa extra large y consuman todo tipo de actos violatorios contra tu persona y sospechas que debajo del barbijo sonríen, malévolas y poderosas. Supongo que debo acostumbrarme, pues tengo 40 y ya empieza a rondarme la idea que pronto querrán meterse con mi próstata... solo con imaginarlo ya me está doliendo hasta la silla en la que estoy pudorosamente sentado. :confused:

Gracias, amigo, siempre es un gusto venir a tu barrio y ver con cuánta buena onda lo sostienes. Va un abrazo/amuleto para alejar los hospitales y atraer la abundancia de elíxires en tu vaso.
 
Uy, que miedo, yo también tengo piedras de calcio en los pulmones y nunca he fumado, y el doctor me dice que respire fuerte. Desde hoy voy a respirar fuertote. Muy buen poema Pedro, espero que el C no esté presente, pero si está, ya no es tan mortal si se ataca a tiempo. Suerte y un abrazo.
Oh no, querida Lucy, afortunadamente me encuentro bien... El diagnóstico final fue la Enfermedad de Erge, un reflujo casi asintomático que me había dejado en los huesos, comprometiendo partes de mis tractos respiratorios y digestivos altos. Las calcificaciones al parecer las he tenido desde la adolescencia y son inocuas; eso sí, fue una pesadumbre llegar a tal conclusión, más con mi repulsa a los hospitales.
Tú cuídate mucho, haz caso de tu médico y corta rebanadas enormes de aire para ti antes de que lo privaticen, ja, ja. Va otro abrazo.
 
Calculus, así llamaban los del antiguo Lacio, tiernamente,
a cada piedra con que enseñaban a sumar
a sus vástagos, ya plebeyos o patricios o esclavos;
les enseñaban el ábaco, el abecé, el abracadabra,
y solo la aritmética era justa:
una piedra más por cada oveja más; por cada vaca menos,
te descalabraban;
nunca aprendí el cálculo diferencial, y tú tampoco,
pero el diferencial médico ha concluido que:
tengo piedras en los pulmones, calcificaciones,
mínimas friolentas estatuas envueltas en mocos,
y que no hay nada de qué preocuparme
porque son inocuas, trilobites fósiles de fiebres infantiles;
pero ocurre que llevó meses preocupado
desde que en la fotografía paisajística en blanco y negro
de la Isla de Pascua de mi tórax aparecieron, soterrados,
esos moáis, y los galenos me miraron, cejijuntos, fruncicejos,
como un perro choto en las purititas costillas,
y vinieron las indagaciones, los juicios sumarios,
¿Usted fuma?; Sí, señor desde los catorce,
y aparecían, entonces, los gestos sentenciosos, las caraeculos,
y se les notaba las ganas de gritarme: qué pendejo,
pero me remitían a otros estudios, a otros cálculos,
a diestros matasanos que veían las marmóreas piedrecitas
y buscaban tentáculos, un kraken desde los alveolos
hasta los huevos gonadales, pero siempre evitando pronunciar
la palabra horrenda que empieza con C de cáncer,
porque mi sangre, en los gráficos, era siempre Edén
para basófilos, neutrófilos, plaquetas y hematíes,
y cuando me sentía con la/s piedra/s al cuello al borde de la tabla,
determinaron, en la table Redonda de los caballeros Cuadrados,
que una Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico, Erge,
no el Arjé sintético, asintomático para los flemáticos,
me había quemado hasta las muelas del juicio de la aorta,
y que lo que parecían piedras en los pulmones
eran solo piedras en los pulmones, pequeñitas, calculus sonrientes,
simples cicatrices prepuberales de la varicela
por un Esterbrook romantizadas, hiperbolizadas;
pero, no, nada de qué preocuparse, amigo Pedro;
le voy a recetar cápsulas de Omeprazol por las mañanas;
Ranitidina no porque estudios sugieren que es cancerígeno,
y venga a verme el jueves, porque no me gusta esa macha
en la radiografía de su tiroides, pero no se asuste…
Y aquí estoy, sentado al mediodía, en el jardín de la clínica,
con ganas de mandarlos a todos a la… esa palabra horrenda
que empieza con V de Verga,
y alabando a Diosito porque no me llama aún a rendir cuentas,
piedras de contar, a Pedro, la Piedra,
de nuestras fallidas existencias,
y encendiendo, gracias oxígeno, otro cigarro.

22 de febrero de 2023
¡¡Mierda, Pedro!!
Si no fuera por este extraño cigarrito acabado de liar y encender, y porque amo, también, tu pincheantilirismo, te diría algunas de mis palabritas mágicas.
¡Mierda, Pedro!
 

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