Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
La brisa de la tarde, acaricia mi alma,
me asoma a paraísos ondulados
y nocturnos aromas de luna.
Me ofrece, ilusiones de auroras cercanas.
Mis labios tiemblan...
El ocre se despega de mi garganta
y espantan los vientos amarillos
que clavan sus espigas.
Quiero mirar un cielo azul,
un mar sin tempestades
y un tal vez y un después
y próximos mañanas de acuarelas.
Oir el suspiro de una vida
y el viento de la tarde,
el que arrastrar las tormentas
entre geométricos sueños
de cálidos colores.
Mis manos, se extienden
hacía los verdes aguas,
donde los juncos resisten
doblados , sin romperse,
donde el rosa carmesí se funde
entre los ecos del viento
mientras la luna sonríe
en su oscuro universo.
Allí quiero mirar…solo,
por buscar una esperanza.
Carmen
me asoma a paraísos ondulados
y nocturnos aromas de luna.
Me ofrece, ilusiones de auroras cercanas.
Mis labios tiemblan...
El ocre se despega de mi garganta
y espantan los vientos amarillos
que clavan sus espigas.
Quiero mirar un cielo azul,
un mar sin tempestades
y un tal vez y un después
y próximos mañanas de acuarelas.
Oir el suspiro de una vida
y el viento de la tarde,
el que arrastrar las tormentas
entre geométricos sueños
de cálidos colores.
Mis manos, se extienden
hacía los verdes aguas,
donde los juncos resisten
doblados , sin romperse,
donde el rosa carmesí se funde
entre los ecos del viento
mientras la luna sonríe
en su oscuro universo.
Allí quiero mirar…solo,
por buscar una esperanza.
Carmen
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