Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
CALLE INSISTENTE
“Comprendo en esta calle que la espera es nuestra
que recorro otra música” William Ospina
A favor de la era que encandila
e interpreta los sueños
se van desarmando las calles
con aspavientos y ventas de corrillos;
en otras devociones menos castas se presenta
el desconsuelo
a sabiendas del desespero
del convite que protege de la sombra.
Se encienden con gránulos de música o de euforia
que en estos casos son el mismo privilegio,
allí donde se precisa la precaución,
el ostracismo a la vera,
un gentío se aproximará jactando sus aceras
abandonando sus comarcas
donde nada se parece
a ese equilibrio en las ventanas,
en las paredes que caen de podridas
y acaban enconándose
los ladridos asustados de los perros.
Estas calles colindan la nostalgia,
perforan la memoria como algo apestoso, intransigente;
allá, lejos, casi triste, va desgranándose
entre cortinas y retratos
la mansa espiga de un poema.
“Comprendo en esta calle que la espera es nuestra
que recorro otra música” William Ospina
A favor de la era que encandila
e interpreta los sueños
se van desarmando las calles
con aspavientos y ventas de corrillos;
en otras devociones menos castas se presenta
el desconsuelo
a sabiendas del desespero
del convite que protege de la sombra.
Se encienden con gránulos de música o de euforia
que en estos casos son el mismo privilegio,
allí donde se precisa la precaución,
el ostracismo a la vera,
un gentío se aproximará jactando sus aceras
abandonando sus comarcas
donde nada se parece
a ese equilibrio en las ventanas,
en las paredes que caen de podridas
y acaban enconándose
los ladridos asustados de los perros.
Estas calles colindan la nostalgia,
perforan la memoria como algo apestoso, intransigente;
allá, lejos, casi triste, va desgranándose
entre cortinas y retratos
la mansa espiga de un poema.
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