Cambio de hora

María josé León

Guayaquil-Ecuador
Un frío café me recibe en el día,
arrastra consigo un poema sin final,
escrito por un demente corazón,
que toma las palabras como armas
de fuego y las clava en mi agonía.
A blanco y negro se pintan las horas, si fueras a volver ya tendría un arco iris desde mi sonrisa, hasta mi locura, que limpia la monotonía y lo vuelve utopía.
 
Un frío café me recibe en el día,
arrastra consigo un poema sin final,
escrito por un demente corazón,
que toma las palabras como armas
de fuego y las clava en mi agonía.
A blanco y negro se pintan las horas, si fueras a volver ya tendría un arco iris desde mi sonrisa, hasta mi locura, que limpia la monotonía y lo vuelve utopía.
Tonos melancolicos en ese grisaceo espacio donde
cristaliza la dejacion frente a una espera que
decolora los sentimientos. bella navegacion
de sentimientos en un poema pleno de sinceridad.
saludos amables de luzyabsenta
 

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