Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Camina.
Aunque no sepas donde vas, camina.
Aunque no encuentres el final, siempre camina.
Con la mirada fija al frente, valentía y paso firme… ¡Nunca pares!
Aunque el cielo se tiña de negro, el aire se espese y el suelo tabalee… ¡Nunca pares!
Aunque tus pies se fragmenten, tu mirada se pierda y tu voz se entrecorte…. ¡Nunca pares!
No pares nunca.
La meta es el destino y sólo tú puedes tejerlo.
Los miedos son cobardes y sólo tú puedes vencerlos.
El dolor es pasajero, los golpes momentáneos
y tu corazón un guerrero esconde sabor a victoria.
No pares nunca.
Aunque el mundo quede mudo y te ahogues en silencios.
Aunque el llanto sea verdugo de las crueles despedidas.
Aunque sientas que la pena es tu mayor condena.
O aunque muera tú esperanza y te arañen las cadenas.
¡Nunca pares!
El final es el descanso de tu cuerpo vagabundo:
Cuando no halla más infierno que la hoguera de tus ojos,
Cuando queden olvidados todos los golpes malditos.
Cuando nazca la esperanza con cada resquicio de vida.
O cuando en tu boca se sienta el sabor del nuevo día.
Entonces, y sólo entonces sentirás, que ha merecido la pena…
Aunque no sepas donde vas, camina.
Aunque no encuentres el final, siempre camina.
Con la mirada fija al frente, valentía y paso firme… ¡Nunca pares!
Aunque el cielo se tiña de negro, el aire se espese y el suelo tabalee… ¡Nunca pares!
Aunque tus pies se fragmenten, tu mirada se pierda y tu voz se entrecorte…. ¡Nunca pares!
No pares nunca.
La meta es el destino y sólo tú puedes tejerlo.
Los miedos son cobardes y sólo tú puedes vencerlos.
El dolor es pasajero, los golpes momentáneos
y tu corazón un guerrero esconde sabor a victoria.
No pares nunca.
Aunque el mundo quede mudo y te ahogues en silencios.
Aunque el llanto sea verdugo de las crueles despedidas.
Aunque sientas que la pena es tu mayor condena.
O aunque muera tú esperanza y te arañen las cadenas.
¡Nunca pares!
El final es el descanso de tu cuerpo vagabundo:
Cuando no halla más infierno que la hoguera de tus ojos,
Cuando queden olvidados todos los golpes malditos.
Cuando nazca la esperanza con cada resquicio de vida.
O cuando en tu boca se sienta el sabor del nuevo día.
Entonces, y sólo entonces sentirás, que ha merecido la pena…