Caminante.

Poetita azul

Poeta que considera el portal su segunda casa
Caminante.

Era un caminante que cruzaba
de los andes a la Amazonía.
Cansado, durmió al lado
de una laguna azul y al despertarse,
estaba junto a millones de luciérnagas
brillantes y llenas de armonía.

Nervioso quiso emprender la huida
por sobre las piedras, por entre los árboles.
Pero aquella doncella dueña del lago,
como si entendiera todo,
le dio algunos consejos de vida.

Y con estos consejos se internó.
Camina y camina
por montañas solitarias,
por lugares fríos y pensativos.
Y sólo su silbido se escuchaba
a la lejanía, lejos, muy lejos,
con un eco infinito que no se termina.

Y la endecha de aquella jovencita
retumbaba a ritmo que decía:

Todos somos consejeros, en cambio,
sólo aquel árbol que ha dejado
caer sus hojas y ha retoñado
puede dar un consejo sabio.

Más… la soledad es sólo un pasaje
en medio de un camino profundo.
En algún instante, todos soñamos,
todos somos caminantes,
todos somos pasajeros en el tren de este mundo.

 
Última edición:
Caminante.

Era un caminante que cruzaba
de los andes a la Amazonía.
Cansado, durmió al lado
de una laguna azul y al despertarse,
estaba junto a millones de luciérnagas
brillantes y llenas de armonía.

Nervioso quiso emprender la huida
por sobre las piedras, por entre los árboles.
Pero aquella doncella dueña del lago,
como si entendiera todo,
le dio algunos consejos de vida.

Y con estos consejos se internó.
Camina y camina
por montañas solitarias,
por lugares fríos y pensativos.
Y sólo su silbido se escuchaba
a la lejanía, lejos, muy lejos,
con un eco infinito que no se termina.

Y la endecha de aquella jovencita
retumbaba a ritmo que decía:

Todos somos consejeros, en cambio,
sólo aquel árbol que ha dejado
caer sus hojas y ha retoñado
puede dar un consejo sabio.

Más… la soledad es sólo un pasaje
en medio de un camino profundo.
En algún instante, todos soñamos,
todos somos caminantes,
todos somos pasajeros en el tren de este mundo.

Sentenciar en eeste poema narrativo que la soledad es un elemento de
hojas en ocasiones alumbradas de desilusion, querer y no poder pues las
manecillas de la esperanza es el ritmo de mundo sin identidad. excelente.
saludos amables de luzyabsenta
 
Caminante.

Era un caminante que cruzaba
de los andes a la Amazonía.
Cansado, durmió al lado
de una laguna azul y al despertarse,
estaba junto a millones de luciérnagas
brillantes y llenas de armonía.

Nervioso quiso emprender la huida
por sobre las piedras, por entre los árboles.
Pero aquella doncella dueña del lago,
como si entendiera todo,
le dio algunos consejos de vida.

Y con estos consejos se internó.
Camina y camina
por montañas solitarias,
por lugares fríos y pensativos.
Y sólo su silbido se escuchaba
a la lejanía, lejos, muy lejos,
con un eco infinito que no se termina.

Y la endecha de aquella jovencita
retumbaba a ritmo que decía:

Todos somos consejeros, en cambio,
sólo aquel árbol que ha dejado
caer sus hojas y ha retoñado
puede dar un consejo sabio.

Más… la soledad es sólo un pasaje
en medio de un camino profundo.
En algún instante, todos soñamos,
todos somos caminantes,
todos somos pasajeros en el tren de este mundo.



La respuesta de Luzyabsenta me ha parecido excelente así que me uno a sus sentires. Felicidades por el poema.

Saludos,

Palmira
 
Caminante.

Era un caminante que cruzaba
de los andes a la Amazonía.
Cansado, durmió al lado
de una laguna azul y al despertarse,
estaba junto a millones de luciérnagas
brillantes y llenas de armonía.

Nervioso quiso emprender la huida
por sobre las piedras, por entre los árboles.
Pero aquella doncella dueña del lago,
como si entendiera todo,
le dio algunos consejos de vida.

Y con estos consejos se internó.
Camina y camina
por montañas solitarias,
por lugares fríos y pensativos.
Y sólo su silbido se escuchaba
a la lejanía, lejos, muy lejos,
con un eco infinito que no se termina.

Y la endecha de aquella jovencita
retumbaba a ritmo que decía:

Todos somos consejeros, en cambio,
sólo aquel árbol que ha dejado
caer sus hojas y ha retoñado
puede dar un consejo sabio.

Más… la soledad es sólo un pasaje
en medio de un camino profundo.
En algún instante, todos soñamos,
todos somos caminantes,
todos somos pasajeros en el tren de este mundo.

Pasajeros somos y de nada sirven huidas; el camino sigue entre compañías y soledades.
Un placer haberlo leído, Poetita, y un saludo.
 

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