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Camino a la librería

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal
Camino a la librería me detuve
debajo del puente de Churubusco, por el alto.
Había varios mendigos,
mujeres,
una indígena
con su típico envoltorio en el rebozo
colgado a la espalda
y dos niños revoloteando a su alrededor.
Pero la que me impactó fue una señora
como yo, vestida como yo, peinada como yo,
el gesto adusto, sin expresión, igual al mío.
Me sorprendió ver a una persona,
con aspecto de clase media, mendigando.
Me miró a los ojos.
Inmediatamente abrí la ventana
le di varias monedas,
sentí una gran necesidad de solidarizarme con ella.
Una leve inclinación de la cabeza
y fue al siguiente automóvil.

Era yo misma, mi reflejo.
Ejecutando su labor diaria
sin alegría ni pena
maquinalmente
porque hay que hacerlo
porque la vida sigue y sigue
y no podemos pararla
hay que llevarle el paso
siguiendo los ciclos,
un día, otro día,
monótonamente infernal.
 
Última edición:
Así es, a la vida hay que llevarle el paso, a veces no es nada fácil pero no queda otra, es la que manda.
Buen poema, Luciana.
(en el verso "porque me las daba a mí misma" creo que estropeas un poco la sorpresa o el "desenlace" del poema, que lo muestras posteriormente en el principio de la última estrofa)
Felices Fiestas, compañera. Un abrazo.
 
Así es, a la vida hay que llevarle el paso, a veces no es nada fácil pero no queda otra, es la que manda.
Buen poema, Luciana.
(en el verso "porque me las daba a mí misma" creo que estropeas un poco la sorpresa o el "desenlace" del poema, que lo muestras posteriormente en el principio de la última estrofa)
Felices Fiestas, compañera. Un abrazo.
Gracias, Luis, ya suprimí el verso, tienes razón. Pues solo queda desearte una Feliz Navidad. Un gran abrazo. Luciana.
 
Camino a la librería me detuve
debajo del puente de Churubusco, por el alto.
Había varios mendigos,
mujeres,
una indígena
con su típico envoltorio en el rebozo
colgado a la espalda
y dos niños revoloteando a su alrededor.
Pero la que me impactó fue una señora
como yo, vestida como yo, peinada como yo,
el gesto adusto, sin expresión, igual al mío.
Me sorprendió ver a una persona,
con aspecto de clase media, mendigando.
Me miró a los ojos.
Inmediatamente abrí la ventana
le di varias monedas,
sentí una gran necesidad de solidarizarme con ella.
Una leve inclinación de la cabeza
y fue al siguiente automóvil.

Era yo misma, mi reflejo.
Ejecutando su labor diaria
sin alegría ni pena
maquinalmente
porque hay que hacerlo
porque la vida sigue y sigue
y no podemos pararla
hay que llevarle el paso
siguiendo los ciclos,
un día, otro día,
monótonamente infernal.
Se percibe una sensación de empatía y autoconciencia.

Saludos
 

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