Ya la hojarasca va cubriendo el suelo.
Al alba triste y frío
de entre desnudas ramas, le acompaña
el dulce despertar de pajarillos.
Ha llovido y mi corazón escucha
crepitar los caminos
del bosque a mi lento caminar
por lo desconocido.
El aroma mojado de la tierra,
llama al recuerdo cuando yo fui niño
dejando mi momento
melancólico y frío.
A mi paso descubro los secretos
de los bosques dormidos,
sintiendo las miradas escondidas
y el abrazo melódico del río.
Sobre la agreste tierra chorreante,
árboles pensativos
a merced de los vientos,
me hacen beber el frío
paisaje que parece camuflar
un redondo horizonte sin destino.
Llevo la pesadumbre de mis sueños
con recuerdos de lirios
clavada sobre el pecho,
mástil sin vela como el peregrino
hacia la ansiada calma
que anhelan los suspiros.
El otoño ha dejado ya sin hojas
los árboles del río,
y en el húmedo y triste atardecer,
un canto desprendido
cae envuelto entre grises
besos del infinito.
Por allí va el olor de la nostalgia
con su claro designio,
y mi alma se llena de tristeza
bajo el cielo dormido.
Luis