Fruto de la relectura -¡una vez más!- de Don Antonio Machado y una excursión veraniega a Soria, común patria espiritual de ambos, me inspiraron este pequeño poema que quiero compartir con vosotros. Que os guste.
CAMINO Y SUEÑO
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las blandas nubes, las cimas!
Sueño silentes caminos
que jamás recorreré,
caminos de mi niñez
en fantasías tejidos.
Junto a mí el río tranquilo,
Duero amansado, calmoso,
donde los chopos umbrosos
guardan antiguos sigilos.
“Iniciales que son nombres
de enamorados” perdidos
ya en el olvido. Voz de hombre
sobre los troncos heridos.
Caminos de tierra y cielo:
de San Polo a San Saturio
llevan mis pasos augurios
de águila en sus altos vuelos.
El río y yo. Peregrinos
en la Castilla profunda,
buscando nuestro destino:
fin de una vida fecunda.
Cae la vida; ya nieva
en mi cansada cabeza.
Sueño la antigua belleza
en el ocaso que llega.
Yo quisiera despertar
sobre esta tierra serena
como un vientre maternal,
recién llovida de estrellas.
CAMINO Y SUEÑO
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las blandas nubes, las cimas!
Sueño silentes caminos
que jamás recorreré,
caminos de mi niñez
en fantasías tejidos.
Junto a mí el río tranquilo,
Duero amansado, calmoso,
donde los chopos umbrosos
guardan antiguos sigilos.
“Iniciales que son nombres
de enamorados” perdidos
ya en el olvido. Voz de hombre
sobre los troncos heridos.
Caminos de tierra y cielo:
de San Polo a San Saturio
llevan mis pasos augurios
de águila en sus altos vuelos.
El río y yo. Peregrinos
en la Castilla profunda,
buscando nuestro destino:
fin de una vida fecunda.
Cae la vida; ya nieva
en mi cansada cabeza.
Sueño la antigua belleza
en el ocaso que llega.
Yo quisiera despertar
sobre esta tierra serena
como un vientre maternal,
recién llovida de estrellas.