BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No quería llegar, al menos, solo.
Pero al fondo, le esperaba la tierna
opacidad de las cosas, ya desvelada.
Un puñado de huesos, sin flores,
sin secretos, y un montón de tierra,
cálida, dura, exigente: casi roja.
No quería llegar, a esas conclusiones,
frágil, viejo, sin tenacidad en los brazos.
Pretendía, en cambio, contarlas.
Decidles, claramente, aquí estoy,
este es mi alto en el camino, el hito
que yo mismo fabrico, y esparzo
sobre la hierba. No importa mi asesino.
La lira quedaba ausente, y el trapecio
se ajustaba. Tocar la frente
era un impulso a la vida. Restituir
las manzanas podridas. Descubrir
nuevos mundos y órbitas.
Sin embargo, llegó, como era
de esperar, solo. A la ancha oscuridad
y a la tempestad de los neones.
©
Pero al fondo, le esperaba la tierna
opacidad de las cosas, ya desvelada.
Un puñado de huesos, sin flores,
sin secretos, y un montón de tierra,
cálida, dura, exigente: casi roja.
No quería llegar, a esas conclusiones,
frágil, viejo, sin tenacidad en los brazos.
Pretendía, en cambio, contarlas.
Decidles, claramente, aquí estoy,
este es mi alto en el camino, el hito
que yo mismo fabrico, y esparzo
sobre la hierba. No importa mi asesino.
La lira quedaba ausente, y el trapecio
se ajustaba. Tocar la frente
era un impulso a la vida. Restituir
las manzanas podridas. Descubrir
nuevos mundos y órbitas.
Sin embargo, llegó, como era
de esperar, solo. A la ancha oscuridad
y a la tempestad de los neones.
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