Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
CAMPO PROFANO.
Recorrí las veredas
de un campo profano
y me embarre en su barro.
Bajo el techo de sus árboles
me arrope, y entre sueños me fundí.
Vi pasar al demonio
y a la prostituta impía,
que su caricias me vendía.
Comí con el marrano
que su gula prefería
y del anciano bebí su sabiduría.
Pasté con el borrego,
Que al cascabel fiel seguía
y pateé al pastor con su alma fría.
Del avaro su alcancía cuide,
entre sus lujos me embriagué
con sus mujeres fornique.
La pulga ciega
en mi trasero se divertía
mientras la mosca reía.
Lágrimas lloré que desgarraron
la seda de la mujer pura,
que entre brazos me tenía
y sus piernas me abría
para herir su costado virgen.
Entre saltos de herejes
recorrí ese campo profano
oscuro como el hueco de un ano.
Sebastian Dusalgi.
Recorrí las veredas
de un campo profano
y me embarre en su barro.
Bajo el techo de sus árboles
me arrope, y entre sueños me fundí.
Vi pasar al demonio
y a la prostituta impía,
que su caricias me vendía.
Comí con el marrano
que su gula prefería
y del anciano bebí su sabiduría.
Pasté con el borrego,
Que al cascabel fiel seguía
y pateé al pastor con su alma fría.
Del avaro su alcancía cuide,
entre sus lujos me embriagué
con sus mujeres fornique.
La pulga ciega
en mi trasero se divertía
mientras la mosca reía.
Lágrimas lloré que desgarraron
la seda de la mujer pura,
que entre brazos me tenía
y sus piernas me abría
para herir su costado virgen.
Entre saltos de herejes
recorrí ese campo profano
oscuro como el hueco de un ano.
Sebastian Dusalgi.