José Benito
Poeta fiel al portal
Ya tanto me insultaron que no sé qué es la honra,
ya tanto me han odiado que no sé qué es amor.
Ya tanto me han robado que no sé si me tengo,
ya tanto me han pegado que no sé qué es dolor.
Tanto he dormido al raso que inerte soy al frío,
tan poca ropa llevo que no sé qué es calor;
mis entrañas no rugen, muertas ya para el hambre;
tanto de mí abusaron que nunca tuve honor.
Tanto escapé de tanto que olvidé de qué huyo;
de mí he dado ya tanto que he olvidado el pudor,
de tanto arrodillarme no puedo levantarme;
mi piel deshidratada ya no da más sudor.
De tanto andar errante ya he olvidado mi patria.
Sólo hacia el sol escapo buscando su fulgor.
Pero sé que allá hay alguien que espera mi retorno
como en la siembra aguarda la lluvia el labrador.
Yaciente cada noche debajo de los pinos
o junto a la fogata de un pálido mendigo,
acojo la sorpresa de mis nuevos destinos
y la eterna pregunta de cada nuevo amigo.
Sólo contesto, escueto, que ver a los que amo
es mi bordón de apoyo cada naciente día;
que mi canción son flores, y siempre un nuevo ramo
lanzando voy al viento, disuelto flor a flor.
Y, en mi melancolía, la música y poesía
poco a poco han crecido en mi interior.
José Benito Freijanes Martínez
ya tanto me han odiado que no sé qué es amor.
Ya tanto me han robado que no sé si me tengo,
ya tanto me han pegado que no sé qué es dolor.
Tanto he dormido al raso que inerte soy al frío,
tan poca ropa llevo que no sé qué es calor;
mis entrañas no rugen, muertas ya para el hambre;
tanto de mí abusaron que nunca tuve honor.
Tanto escapé de tanto que olvidé de qué huyo;
de mí he dado ya tanto que he olvidado el pudor,
de tanto arrodillarme no puedo levantarme;
mi piel deshidratada ya no da más sudor.
De tanto andar errante ya he olvidado mi patria.
Sólo hacia el sol escapo buscando su fulgor.
Pero sé que allá hay alguien que espera mi retorno
como en la siembra aguarda la lluvia el labrador.
Yaciente cada noche debajo de los pinos
o junto a la fogata de un pálido mendigo,
acojo la sorpresa de mis nuevos destinos
y la eterna pregunta de cada nuevo amigo.
Sólo contesto, escueto, que ver a los que amo
es mi bordón de apoyo cada naciente día;
que mi canción son flores, y siempre un nuevo ramo
lanzando voy al viento, disuelto flor a flor.
Y, en mi melancolía, la música y poesía
poco a poco han crecido en mi interior.
José Benito Freijanes Martínez