Alex Courant
Poeta adicto al portal
Sirva el mar de testigo ante las bocas
que besándose besan al olvido,
y ante este corazón y su latido
que van como rodando van las rocas,
de que fuerte y pesada es la cadena
del agua que se va y su curso sigue,
como la luna al celador persigue
y milenaria culpa la cercena.
¡Entre los cielos no hay candado o broche,
ni en las estrellas cuidador o dueño,
ni en la vigilia se concede el sueño,
ni en las más negras noches es de noche!
Brota en las manos la niñez pasada
que se extasiaba con maderos parcos,
creyéndolos suntuosos, grandes barcos,
anunciando triunfantes la avanzada.
Sólo quedan guijarros en la arena,
botellas sin mensajes o tesoros,
faros como señeros incoloros,
tugurios como pechos de sirena.
¡Entre los cielos no hay candado o broche,
ni en las estrellas cuidador o dueño,
ni en la vigilia se concede el sueño,
ni en las más negras noches es de noche!
Lívidas y ominosas en la bruma
las horas van y vienen, callan y hablan,
las grandes máquinas vapor exhalan,
gimen adormecidas por la espuma,
al llevarse un afán, celoso y loco,
y en el viento doblar rojas corolas;
porque triste es mirar entre las olas
a la tierra diluirse, poco a poco.
que besándose besan al olvido,
y ante este corazón y su latido
que van como rodando van las rocas,
de que fuerte y pesada es la cadena
del agua que se va y su curso sigue,
como la luna al celador persigue
y milenaria culpa la cercena.
¡Entre los cielos no hay candado o broche,
ni en las estrellas cuidador o dueño,
ni en la vigilia se concede el sueño,
ni en las más negras noches es de noche!
Brota en las manos la niñez pasada
que se extasiaba con maderos parcos,
creyéndolos suntuosos, grandes barcos,
anunciando triunfantes la avanzada.
Sólo quedan guijarros en la arena,
botellas sin mensajes o tesoros,
faros como señeros incoloros,
tugurios como pechos de sirena.
¡Entre los cielos no hay candado o broche,
ni en las estrellas cuidador o dueño,
ni en la vigilia se concede el sueño,
ni en las más negras noches es de noche!
Lívidas y ominosas en la bruma
las horas van y vienen, callan y hablan,
las grandes máquinas vapor exhalan,
gimen adormecidas por la espuma,
al llevarse un afán, celoso y loco,
y en el viento doblar rojas corolas;
porque triste es mirar entre las olas
a la tierra diluirse, poco a poco.