Cancioncita
Como la verdad ausente
que no escribo para nadie,
como los pasos del vagabundo
que siempre conocen su destino,
así recojo secretas humanidades
mientras todo se parece bastante al delirio.
Siempre subiendo a la superficie,
siempre volviendo al fondo,
tocando la canción de los demás,
¡cómo puedo estar tan loco!
¡Cómo puedo tolerar la espada,
la hoguera,
el inconsciente invertebrado de esta fugaz estrella
que cada noche me invita a surcar
todo el Universo!
¡Quién soy yo para decirle que no
y cavar mi propia tumba,
mi propia cárcel,
y hacer de los demás mi vida suya!
Tantos miedos,
tantos traumas,
tantos años vividos
de tanta absurda desgracia,
de existencia sin preguntas
y miles de respuestas equívocas
mientras la verdad estaba delante de mi,
delante de mis narices,
en mi.
Para que algo nazca
todo ha de ser dejado atrás,
destruído,
transformado,
aunque duela tanto
que ya nada consuele
en este extraño laberinto,
la incertidubre.
Cualquier cosa,
menos la desidia autocomplaciente,
menos engañarse de por vida.
Lo que sea menos la muerte,
hasta que llegue.
Darío Méndez
Como la verdad ausente
que no escribo para nadie,
como los pasos del vagabundo
que siempre conocen su destino,
así recojo secretas humanidades
mientras todo se parece bastante al delirio.
Siempre subiendo a la superficie,
siempre volviendo al fondo,
tocando la canción de los demás,
¡cómo puedo estar tan loco!
¡Cómo puedo tolerar la espada,
la hoguera,
el inconsciente invertebrado de esta fugaz estrella
que cada noche me invita a surcar
todo el Universo!
¡Quién soy yo para decirle que no
y cavar mi propia tumba,
mi propia cárcel,
y hacer de los demás mi vida suya!
Tantos miedos,
tantos traumas,
tantos años vividos
de tanta absurda desgracia,
de existencia sin preguntas
y miles de respuestas equívocas
mientras la verdad estaba delante de mi,
delante de mis narices,
en mi.
Para que algo nazca
todo ha de ser dejado atrás,
destruído,
transformado,
aunque duela tanto
que ya nada consuele
en este extraño laberinto,
la incertidubre.
Cualquier cosa,
menos la desidia autocomplaciente,
menos engañarse de por vida.
Lo que sea menos la muerte,
hasta que llegue.
Darío Méndez