Canelo y Arrayán

Elisalle

Poetisa
Llegó hasta mi puerta
una tarde de septiembre,
en una bolsa con barro,
recién desenterrado.

Era vistoso.
El otro no existía.
Era el regalo.
El otro la zancadilla.

¡Mujer!
Aquí tienes tu regalo
venido de fértil tierra.
Yo sé que la tuya
es honrada y de la buena.

Lo planté con amor
al santo araucano,
sin saber que otro,
de la raíz iba empujando.

El canelo fue creciendo:
un par de hojitas primero.
Después casi murió
en el estío de enero.

Del otro no se sabía
¡El canelo era el regalo!

Y el canelo se salvó
de la sed estival
y en la siguiente primavera,
tiernos verdecitos,
se sumaron de atrás.

Gran problema, gran.
El regalo era el Canelo,
pero venía más,
como injerto de cariño.
Como broma natural.

Así fueron creciendo,
pegados uno al otro:
uno era el canelo
el otro ¡era arrayán!

Los dos han florecido
en la esquina del patio:
el que era regalo
y el arrayán.

“Mi señora,
tiene que separarlos,
porque no pueden vivir los dos”,
me dijo el jardinero.

-Cómo cree que voy a hacerlo
si son hermanos gemelos-

“Es que se le va a morir uno.
Eso delo por hecho”

Si juntos llegaron:
uno como regalo;
el otro de aventurero,
es porque ninguno es malo.

Ya van para diez años.
El arrayán es muy alto
El canelo es más pequeño,
pero sé que se quieren
porque juntos vinieron
y sería crimen separarlos.

Yo no voy a hacerlo.
No veré morir a uno,
Uno era el regalo
el otro su compañero.

Sólo han de ser ellos
quienes hacen su destino.

Yo no entro en su decisión.

Déjelos tranquilos,
señor jardinero.
Guarde su azadón.
¡Mire cómo han crecido!
arrayán.jpg








***
María Margarita Pérez Vallejos
22/08/2017
Todos los derechos Reservados
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
©
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Llegó hasta mi puerta
una tarde de septiembre,
en una bolsa con barro,
recién desenterrado.

Era vistoso.
El otro no existía.
Era el regalo.
El otro la zancadilla.

¡Mujer!
Aquí tienes tu regalo
venido de fértil tierra.
Yo sé que la tuya
es honrada y de la buena.

Lo planté con amor
al santo araucano,
sin saber que otro,
de la raíz iba empujando.

El canelo fue creciendo:
un par de hojitas primero.
Después casi murió
en el estío de enero.

Del otro no se sabía
¡El canelo era el regalo!

Y el canelo se salvó
de la sed estival
y en la siguiente primavera,
tiernos verdecitos,
se sumaron de atrás.

Gran problema, gran.
El regalo era el Canelo,
pero venía más,
como injerto de cariño.
Como broma natural.

Así fueron creciendo,
pegados uno al otro:
uno era el canelo
el otro ¡era arrayán!

Los dos han florecido
en la esquina del patio:
el que era regalo
y el arrayán.

“Mi señora,
tiene que separarlos,
porque no pueden vivir los dos”,
me dijo el jardinero.

-Cómo cree que voy a hacerlo
si son hermanos gemelos-

“Es que se le va a morir uno.
Eso delo por hecho”

Si juntos llegaron:
uno como regalo;
el otro de aventurero,
es porque ninguno es malo.

Ya van para diez años.
El arrayán es muy alto
El canelo es más pequeño,
pero sé que se quieren
porque juntos vinieron
y sería crimen separarlos.

Yo no voy a hacerlo.
No veré morir a uno,
Uno era el regalo
el otro su compañero.

Sólo han de ser ellos
quienes hacen su destino.

Yo no entro en su decisión.

Déjelos tranquilos,
señor jardinero.
Guarde su azadón.
¡Mire cómo han crecido!
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***
María Margarita Pérez Vallejos
22/08/2017
Todos los derechos Reservados
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
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Inscripción: 204.688
Que bonito poema de tintes ecologistas, bella historia la de los dos árbolitos que nacieron y crecieron gemelos, la decisión de que siguieran juntos le da un toque muy valiente al poema y tu manera de escribirlo me parece sencillamente maravillosa. Te felicito y te mando un abrazote con todo mi cariño amiga María Margarita. Paco.
 
Que bonito poema de tintes ecologistas, bella historia la de los dos árbolitos que nacieron y crecieron gemelos, la decisión de que siguieran juntos le da un toque muy valiente al poema y tu manera de escribirlo me parece sencillamente maravillosa. Te felicito y te mando un abrazote con todo mi cariño amiga María Margarita. Paco.
La verdad es que ni me fui por lo ecológico porque lo soy desde la médula.
Es la historia de mi Canelo, que es sagrado del mapuche y al tiempito me
di cuenta que no venía solo. Ante la insistencia del jardinero en cortar uno,
decidí y lo hice verso. Por algo están juntos. Por algo han sobrevivido.
Hasta un zapallo se les puso encima con sus hojas y no los destruyeron.
Muchas gracias Paco. Ganas me están dando de quedarme a veces.
Un abrazo inmensote.
 
Me encanta la dulce sensación que van construyendo estos versos. Palabra a palabra nos vas llevando al corazón de ese sentimiento que te hace amar a los dos. Delicadeza en la pluma y pasión en el corazón. Todo un regalo, poetisa, que haces al lector. Mis saludos. Luis.
Ayer leí tu comentario y me impresionó tanto que dije que con esas neuronas cansadas, no iba a responder
a este mensaje tan cierto. Es como si me siguieras en los pensamientos y supieras cuánto me han
hecho pensar estos gemelos: el regalo y el otro. Es una historia linda y natura tiene sentimientos nobles.
El canelo fue el regalo y el canelo me trajo otro regalo que es su hermano. ¿Cómo pretenden que corte a uno
si tienen una sola vida? Sería asesinar la bendita la naturaleza que cada día nos sorprende más.
Ellos se quieren y se querrán todo el tiempo destinado para ellos.
Muchas gracias, Luis. Cuánto se nota cuando una persona dedica el tiempo a leer un poema y llenarse
de su esencia. Saludos.
 
Ayer leí tu comentario y me impresionó tanto que dije que con esas neuronas cansadas, no iba a responder
a este mensaje tan cierto. Es como si me siguieras en los pensamientos y supieras cuánto me han
hecho pensar estos gemelos: el regalo y el otro. Es una historia linda y natura tiene sentimientos nobles.
El canelo fue el regalo y el canelo me trajo otro regalo que es su hermano. ¿Cómo pretenden que corte a uno
si tienen una sola vida? Sería asesinar la bendita la naturaleza que cada día nos sorprende más.
Ellos se quieren y se querrán todo el tiempo destinado para ellos.
Muchas gracias, Luis. Cuánto se nota cuando una persona dedica el tiempo a leer un poema y llenarse
de su esencia. Saludos.
Hay poemas que te atrapan, que te piden que los vuevas a leer, que te zambullas en ellos y te dejes empapar por las palabras. Tus escritos son así, y por ello me gusta comentarlos. Un abrazo. Luis.
 
Hay poemas que te atrapan, que te piden que los vuevas a leer, que te zambullas en ellos y te dejes empapar por las palabras. Tus escritos son así, y por ello me gusta comentarlos. Un abrazo. Luis.
Hay poemas así. También yo, regreso a algunos. Muchas gracias, Luis. Un abrazo. Honrada que para ti, el poema mío haya sido algo de eso.
 
Llegó hasta mi puerta
una tarde de septiembre,
en una bolsa con barro,
recién desenterrado.

Era vistoso.
El otro no existía.
Era el regalo.
El otro la zancadilla.

¡Mujer!
Aquí tienes tu regalo
venido de fértil tierra.
Yo sé que la tuya
es honrada y de la buena.

Lo planté con amor
al santo araucano,
sin saber que otro,
de la raíz iba empujando.

El canelo fue creciendo:
un par de hojitas primero.
Después casi murió
en el estío de enero.

Del otro no se sabía
¡El canelo era el regalo!

Y el canelo se salvó
de la sed estival
y en la siguiente primavera,
tiernos verdecitos,
se sumaron de atrás.

Gran problema, gran.
El regalo era el Canelo,
pero venía más,
como injerto de cariño.
Como broma natural.

Así fueron creciendo,
pegados uno al otro:
uno era el canelo
el otro ¡era arrayán!

Los dos han florecido
en la esquina del patio:
el que era regalo
y el arrayán.

“Mi señora,
tiene que separarlos,
porque no pueden vivir los dos”,
me dijo el jardinero.

-Cómo cree que voy a hacerlo
si son hermanos gemelos-

“Es que se le va a morir uno.
Eso delo por hecho”

Si juntos llegaron:
uno como regalo;
el otro de aventurero,
es porque ninguno es malo.

Ya van para diez años.
El arrayán es muy alto
El canelo es más pequeño,
pero sé que se quieren
porque juntos vinieron
y sería crimen separarlos.

Yo no voy a hacerlo.
No veré morir a uno,
Uno era el regalo
el otro su compañero.

Sólo han de ser ellos
quienes hacen su destino.

Yo no entro en su decisión.

Déjelos tranquilos,
señor jardinero.
Guarde su azadón.
¡Mire cómo han crecido!
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María Margarita Pérez Vallejos
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Ayyy Elisalle cuánta ternura rezuman estos emotivos versos, leerlos es sentir crecer estos dos arbolitos que el destino ha querido que sigan unidos... y es que todo en la Naturaleza es muestra de amor, amar conforme a sus leyes naturales es aprender a ser feliz. Encantada de leerte mi querida amiga. Besazos llenos de cariño, de mucho cariño, y también de mucha admiración........muááááaackssssss....
 
Estimada poeta es un placer encontrarme con tan hermosa y tierna historia, tus versos describen imágenes de árboles que amo y que también tengo en mi jardín. felicitaciones por esta bella obra un placer leerte ,un abrazo afectuoso, saludos poeta.
 

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