F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Quiero que el viento me traiga
la grata voz del silencio
de los campos celestiales,
que me libre del estiércol
de tanto grito estridente,
de denuncias e improperios,
de hipócritas, de ladrones
y políticos ineptos
Pido a Dios que me libere
de falsos razonamientos,
para vivir esta vida
sin más engaños ni enredos
sin angustias ni promesas
con disfraces de camelos.
Quiero sentir la alegría
de aquellos primeros tiempos
que viví con ilusión,
cuando montaba mi abuelo,
con las figuras de barro,
un mermado nacimiento
de aquel portal de Belén
hecho con dosis de ingenio
con engrudo y con cartón
para mantener enhiestos
a los pastores y ovejas
y… a las estrellas del cielo.
Todo era falso o fingido…
falso y pobre… sin remedio.
Sin embargo, allí existía
un mundo vivo y risueño,
repleto de fantasías
con Navidades de fuego,
con Reyes Magos muy pobres
pobres, pero verdaderos.
Y juguetes tan escasos…
como hermoso era mi sueño
contemplando aquel portal
de mi primer Nacimiento.
Dejemos, pues, en la puerta
que discutan entre ellos,
si es que braman de egoísmo
por lucrarse de este pueblo,
y que nos dejen en paz
disfrutando con los nuestros.
¡Quiero que el viento me traiga
la grata voz del silencio!
la grata voz del silencio
de los campos celestiales,
que me libre del estiércol
de tanto grito estridente,
de denuncias e improperios,
de hipócritas, de ladrones
y políticos ineptos
Pido a Dios que me libere
de falsos razonamientos,
para vivir esta vida
sin más engaños ni enredos
sin angustias ni promesas
con disfraces de camelos.
Quiero sentir la alegría
de aquellos primeros tiempos
que viví con ilusión,
cuando montaba mi abuelo,
con las figuras de barro,
un mermado nacimiento
de aquel portal de Belén
hecho con dosis de ingenio
con engrudo y con cartón
para mantener enhiestos
a los pastores y ovejas
y… a las estrellas del cielo.
Todo era falso o fingido…
falso y pobre… sin remedio.
Sin embargo, allí existía
un mundo vivo y risueño,
repleto de fantasías
con Navidades de fuego,
con Reyes Magos muy pobres
pobres, pero verdaderos.
Y juguetes tan escasos…
como hermoso era mi sueño
contemplando aquel portal
de mi primer Nacimiento.
Dejemos, pues, en la puerta
que discutan entre ellos,
si es que braman de egoísmo
por lucrarse de este pueblo,
y que nos dejen en paz
disfrutando con los nuestros.
¡Quiero que el viento me traiga
la grata voz del silencio!
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