Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
CANTATA DE CIGARRAS
La tarde cierra con un ventorrillo de llovizna.
Han venido a pedir su limosna
los andariegos de la calle
se persignan mientras estrujan
la moneda entre los dientes
se marchan
son casi
un pésimo retrato.
Cuánta algarabía en estos cruzacalles,
persiguen los arroyos desiertos citadinos,
gentes,
vocinglería de la gleba,
el crisol blanco mastica su pudor
entre hiedras
e instiga una soberbia de hipocresía.
Revienta un sol moribundo
visitan nuevos dolores:
de gargantas
de muelas iracundas
de hambre esquinera
con niños despanzurrados
y tiendas famélicas
rehuyendo
al tráfico,
al estallido
de alguna loca bala
buscando un blanco victimario.
Vida de la calle.
Cantata de cigarras
que nunca termina en verano.
La tarde cierra con un ventorrillo de llovizna.
Han venido a pedir su limosna
los andariegos de la calle
se persignan mientras estrujan
la moneda entre los dientes
se marchan
son casi
un pésimo retrato.
Cuánta algarabía en estos cruzacalles,
persiguen los arroyos desiertos citadinos,
gentes,
vocinglería de la gleba,
el crisol blanco mastica su pudor
entre hiedras
e instiga una soberbia de hipocresía.
Revienta un sol moribundo
visitan nuevos dolores:
de gargantas
de muelas iracundas
de hambre esquinera
con niños despanzurrados
y tiendas famélicas
rehuyendo
al tráfico,
al estallido
de alguna loca bala
buscando un blanco victimario.
Vida de la calle.
Cantata de cigarras
que nunca termina en verano.
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