Un pentagrama escrito,
una guitarra que lanza sus notas al viento.
Una voz que canta la tragedia de un amor.
Unos zapatos que se mueven al son
de un ritmo impregnado de dolor.
Música, palmas, ambiente maniático.
Todo un acorde monocromático
del que fluye un único sentimiento
de deseo y desaliento.
Bailar, reír y cantar.
Conversar, beber y gozar.
La música desata nuestras emociones
y acelera nuestros corazones.
Tal vez, un poco desinhibidos
incluso, alocados y decididos.
Pero alegres y animados,
nos convierte en eufóricos humanos.
una guitarra que lanza sus notas al viento.
Una voz que canta la tragedia de un amor.
Unos zapatos que se mueven al son
de un ritmo impregnado de dolor.
Música, palmas, ambiente maniático.
Todo un acorde monocromático
del que fluye un único sentimiento
de deseo y desaliento.
Bailar, reír y cantar.
Conversar, beber y gozar.
La música desata nuestras emociones
y acelera nuestros corazones.
Tal vez, un poco desinhibidos
incluso, alocados y decididos.
Pero alegres y animados,
nos convierte en eufóricos humanos.