Malex
Poeta recién llegado
Este, al que llamo poema
no lo quiero escribir para trascender
y sin embargo que valga
ya murió de constancia
una sólida parte de mi filosofía
en las fauces blancas del renglón.
En éste no dejo paisajes,
no dejo aromas, tampoco
el nombre de una bella mujer...
Este, al que llamo poema
se regodea en sus tintas como yo,
me vanaglorio en mis fortunas.
Obstante no, dejo en él varias huellas,
unas empapadas de sudor puro y otras
dadas a luz por mis sortilegios quebrados
por mi egos astutamente discretos.
Este al que impertinente llamo poema
ni siquiera llega para serlo, ni siquiera
sé lo que debe ser o qué quizé hacer;
¿Poesia? !Mentira, infamia!
Ni a los talones de Aquiles que
análogamente sufró como él,
los coros de las llamas troyanas.
Pues dichas, queman despiadadas
las manos de todo aquel escriba necio
que, como su servidor
sangra con su utopía.
Artaud quizás me hubiese comprendido,
porque me desentiendo tanto de la realidad
que me es incomprensible mi geometría lírica
como en una novela de Balzac.
Yo, me desentiendo hasta de aquél árbol,
me dedico a erradicar la costumbre,
eximo mis emociones del fuero y
termino por pertenecer al viento,
rascando tierras baldías y lampadarias,
jugueteando con el pelo rubio libre
de una joven, pura en su proceder.
Libre como mi pluma, escrbiendo éste
u otro, incluso uno o dos que no escribiré
me libero, me desnudo dentro del tintero,
dentro de mi amorfa circunferencia
y porque éste al que llamo poema
nunca lo será mientras así lo crea.
¿Lo he escrito con la tinta del corazón?
Entonces sí, éste al que probablemente
llame poema, lo es ya que
escucho mi palpitar sobre la hoja.
no lo quiero escribir para trascender
y sin embargo que valga
ya murió de constancia
una sólida parte de mi filosofía
en las fauces blancas del renglón.
En éste no dejo paisajes,
no dejo aromas, tampoco
el nombre de una bella mujer...
Este, al que llamo poema
se regodea en sus tintas como yo,
me vanaglorio en mis fortunas.
Obstante no, dejo en él varias huellas,
unas empapadas de sudor puro y otras
dadas a luz por mis sortilegios quebrados
por mi egos astutamente discretos.
Este al que impertinente llamo poema
ni siquiera llega para serlo, ni siquiera
sé lo que debe ser o qué quizé hacer;
¿Poesia? !Mentira, infamia!
Ni a los talones de Aquiles que
análogamente sufró como él,
los coros de las llamas troyanas.
Pues dichas, queman despiadadas
las manos de todo aquel escriba necio
que, como su servidor
sangra con su utopía.
Artaud quizás me hubiese comprendido,
porque me desentiendo tanto de la realidad
que me es incomprensible mi geometría lírica
como en una novela de Balzac.
Yo, me desentiendo hasta de aquél árbol,
me dedico a erradicar la costumbre,
eximo mis emociones del fuero y
termino por pertenecer al viento,
rascando tierras baldías y lampadarias,
jugueteando con el pelo rubio libre
de una joven, pura en su proceder.
Libre como mi pluma, escrbiendo éste
u otro, incluso uno o dos que no escribiré
me libero, me desnudo dentro del tintero,
dentro de mi amorfa circunferencia
y porque éste al que llamo poema
nunca lo será mientras así lo crea.
¿Lo he escrito con la tinta del corazón?
Entonces sí, éste al que probablemente
llame poema, lo es ya que
escucho mi palpitar sobre la hoja.