legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Selene era una Diosa de otra galaxia,
quizá para alcanzarla tras años luz;
del alma de sus poros brotaba magia
y el candil de sus ojos era un alud.
La conocí un buen día por un acaso,
cuando en los extravíos de mi ficción,
en la antesala cruenta de un fiero ocaso,
erraba por caminos de la aflicción.
Me fulminó el encanto de su sonrisa,
el brillo de sus ojos me cautivó;
y me mojó en su fuego con mucha prisa,
cual un glorioso día de lluvia y sol.
Era cual astro errante, fugaz y ardiente;
con órbita exclusiva, sin dirección:
luna, lucero, venus y sol naciente;
comba infinita, nube y constelación.
Efímera y certera, daba en el blanco
con turgentes saetas de fresa y miel;
rompía corazones, cual un ensalmo;
sortilegios de luna al amanecer.
Para volver a verla propongo un vuelo
por el oscuro cosmos, hasta el confín;
porque llegar a ella es tocar el cielo,
y acariciar el cielo, no es un desliz.
quizá para alcanzarla tras años luz;
del alma de sus poros brotaba magia
y el candil de sus ojos era un alud.
La conocí un buen día por un acaso,
cuando en los extravíos de mi ficción,
en la antesala cruenta de un fiero ocaso,
erraba por caminos de la aflicción.
Me fulminó el encanto de su sonrisa,
el brillo de sus ojos me cautivó;
y me mojó en su fuego con mucha prisa,
cual un glorioso día de lluvia y sol.
Era cual astro errante, fugaz y ardiente;
con órbita exclusiva, sin dirección:
luna, lucero, venus y sol naciente;
comba infinita, nube y constelación.
Efímera y certera, daba en el blanco
con turgentes saetas de fresa y miel;
rompía corazones, cual un ensalmo;
sortilegios de luna al amanecer.
Para volver a verla propongo un vuelo
por el oscuro cosmos, hasta el confín;
porque llegar a ella es tocar el cielo,
y acariciar el cielo, no es un desliz.