¿Qué es lo que tiene Sevilla
que a todo el mundo embelesa?
No es solamente belleza;
hay algo más en Sevilla...
Ese algo inmaterial
que se escapa a los sentidos,
y que los más entendidos
no saben cómo llamar...
es, para los sevillanos:
"tené ánghe y ná má".
Pero, ese Ángel... ¿Qué es?
Si preguntas te dirán...
¡"Pos lo que tiene Sevilla,
que no se pue ni agüantá"!
Sevilla; la "Emperaora".
En su trono de marfil,
con una bata de cola
que moja el Güadalquivir,
se yergue majestuosa
como en trigal la amapola.
Entre puntillas y encajes,
abanicos y volantes,
cautiva a sus visitantes
con la luz que la arrebola.
Como tierno adolescente
de su belleza cautivo,
junto a ella se ha dormido
y amansado su corriente,
el viejo Güadalquivir;
en cuyas ondas de plata
traídas desde muy lejos,
se mira altiva Sevilla,
como si fueran espejos.
Allí la torre del oro,
más arriba la Giralda,
Los puentes y los jardines,
y la ovalada Maestranza.
Las piedras que labró el moro,
para orgullo de este suelo,
se elevan buscando el cielo,
como alfileres de oro.
Entre rosas y jazmines,
al trote por sus reales
Pegasos de negras crines,
y a sus grupas Querubines
con vestidos de lunares.
Sevilla; la "Emperaora".
Con su cetro de Giralda,
gitana, cristiana y mora;
con una historia tan larga
que al mismo Tiempo, enamora.
Manantial de la alegría
y de la gracia, pastora;
de verde y blanco "vestía"
expande a los cuatro vientos
la gracia de Andalucía.
Ante tanta majestad
¿Quién es el que no se humilla...?
¡Si el propio Gúadalquivir
se niega el cauce a seguir,
y se hace mar en Sevilla
queriéndola seducir!
Recaredo.
que a todo el mundo embelesa?
No es solamente belleza;
hay algo más en Sevilla...
Ese algo inmaterial
que se escapa a los sentidos,
y que los más entendidos
no saben cómo llamar...
es, para los sevillanos:
"tené ánghe y ná má".
Pero, ese Ángel... ¿Qué es?
Si preguntas te dirán...
¡"Pos lo que tiene Sevilla,
que no se pue ni agüantá"!
Sevilla; la "Emperaora".
En su trono de marfil,
con una bata de cola
que moja el Güadalquivir,
se yergue majestuosa
como en trigal la amapola.
Entre puntillas y encajes,
abanicos y volantes,
cautiva a sus visitantes
con la luz que la arrebola.
Como tierno adolescente
de su belleza cautivo,
junto a ella se ha dormido
y amansado su corriente,
el viejo Güadalquivir;
en cuyas ondas de plata
traídas desde muy lejos,
se mira altiva Sevilla,
como si fueran espejos.
Allí la torre del oro,
más arriba la Giralda,
Los puentes y los jardines,
y la ovalada Maestranza.
Las piedras que labró el moro,
para orgullo de este suelo,
se elevan buscando el cielo,
como alfileres de oro.
Entre rosas y jazmines,
al trote por sus reales
Pegasos de negras crines,
y a sus grupas Querubines
con vestidos de lunares.
Sevilla; la "Emperaora".
Con su cetro de Giralda,
gitana, cristiana y mora;
con una historia tan larga
que al mismo Tiempo, enamora.
Manantial de la alegría
y de la gracia, pastora;
de verde y blanco "vestía"
expande a los cuatro vientos
la gracia de Andalucía.
Ante tanta majestad
¿Quién es el que no se humilla...?
¡Si el propio Gúadalquivir
se niega el cauce a seguir,
y se hace mar en Sevilla
queriéndola seducir!
Recaredo.
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