Aprenderé a escribir, como quien busca
la voz que entre sus sombras se adormece;
un susurro interior que, si lo toco,
en alas de emoción desaparece.
Aprenderé a rimar, no por la forma,
sino por ese incendio que despierta
cuando un verso, temblando en mi garganta,
se enciende, se deshace y me interpreta.
Porque escribir es ir, casi en secreto,
detrás del pensamiento que no digo;
es abrir la penumbra de la mente
y hallar la luz oculta en lo sentido.
Escribir es un acto en que uno aprende
que el alma tiene náufragos y olas,
que cada línea busca su equilibrio
entre el dolor que grita lo que aligera y flota.
Y así, palabra a palabra, voy trazando
un cauce hacia mí mismo en la escritura:
no escribo por saber, sino por verme
en lo que calla el mundo y no murmura.
Que es aprender a hacer del aire un canto,
del sueño un aliento, del silencio vida;
y en cada verso nuevo que pronuncio
renazco en lo que fui… y en lo que me guía.
la voz que entre sus sombras se adormece;
un susurro interior que, si lo toco,
en alas de emoción desaparece.
Aprenderé a rimar, no por la forma,
sino por ese incendio que despierta
cuando un verso, temblando en mi garganta,
se enciende, se deshace y me interpreta.
Porque escribir es ir, casi en secreto,
detrás del pensamiento que no digo;
es abrir la penumbra de la mente
y hallar la luz oculta en lo sentido.
Escribir es un acto en que uno aprende
que el alma tiene náufragos y olas,
que cada línea busca su equilibrio
entre el dolor que grita lo que aligera y flota.
Y así, palabra a palabra, voy trazando
un cauce hacia mí mismo en la escritura:
no escribo por saber, sino por verme
en lo que calla el mundo y no murmura.
Que es aprender a hacer del aire un canto,
del sueño un aliento, del silencio vida;
y en cada verso nuevo que pronuncio
renazco en lo que fui… y en lo que me guía.
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