BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como las páginas de un libro,
quietas o mudas, me miraste.
Pasaban entorno astros, constelaciones,
galaxias, albas desbaratadas en el suplicio
de cada día. Me miraste. Y hubo
un hielo en cada vientre y en cada alcoba,
la letanía amarga de un sacerdote, obtuvo
su refutación y su respuesta.
Como en las páginas de un libro,
me miraste. Había cuerpos hermosos,
tan esbeltos como una luciérnaga, o abiertos
como troncos mohosos. Existía
la repetición de un eco, en los cráteres
de la luna, y una ecuación programada,
ahora y siempre, todavía, alteran la coagulación
interna de la sangre. Me miraste.
Los labios pasan por alto la mirada de unos ojos,
pero nunca, nunca, la columna de humo que
exhala la unión de dos cuerpos abrazados.
©
quietas o mudas, me miraste.
Pasaban entorno astros, constelaciones,
galaxias, albas desbaratadas en el suplicio
de cada día. Me miraste. Y hubo
un hielo en cada vientre y en cada alcoba,
la letanía amarga de un sacerdote, obtuvo
su refutación y su respuesta.
Como en las páginas de un libro,
me miraste. Había cuerpos hermosos,
tan esbeltos como una luciérnaga, o abiertos
como troncos mohosos. Existía
la repetición de un eco, en los cráteres
de la luna, y una ecuación programada,
ahora y siempre, todavía, alteran la coagulación
interna de la sangre. Me miraste.
Los labios pasan por alto la mirada de unos ojos,
pero nunca, nunca, la columna de humo que
exhala la unión de dos cuerpos abrazados.
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