Si alguna vez preguntaras,
seguramente mi silencio delataría
la forma en que te miro cuando duermes.
Tu costado, con ese calor de universos anaranjados,
me conduce por las noches en que eres mía,
que son todas las que recuerdo,
y las mismas en que tuyo soy para siempre.
Cuando son altas las horas,
puedo velar tu risa sin razón aparente,
y pretendo existir en dos dimensiones:
ésta, en la que ahora te abrazo,
y la de tus sueños, en donde somos desde antes.
Y cuando despiertas,
ni siquiera sospechas lo feliz que estoy
porque ya duermo bajo el influjo convincente
de tu amor incansable.
Al rato, te siento caminar hasta nuestra cama,
toma, hice café me dices,
Cuanto te amo, mujer!
seguramente mi silencio delataría
la forma en que te miro cuando duermes.
Tu costado, con ese calor de universos anaranjados,
me conduce por las noches en que eres mía,
que son todas las que recuerdo,
y las mismas en que tuyo soy para siempre.
Cuando son altas las horas,
puedo velar tu risa sin razón aparente,
y pretendo existir en dos dimensiones:
ésta, en la que ahora te abrazo,
y la de tus sueños, en donde somos desde antes.
Y cuando despiertas,
ni siquiera sospechas lo feliz que estoy
porque ya duermo bajo el influjo convincente
de tu amor incansable.
Al rato, te siento caminar hasta nuestra cama,
toma, hice café me dices,
Cuanto te amo, mujer!