Littera
Poeta asiduo al portal
Reíd, sutiles perlas que, nacidas
de la emoción del zarco firmamento,
en número bañáis de escuadras ciento
el rosa de sus manos abstraídas.
Gozad, ardientes luces que, emitidas
por el Sol encarnado y opulento,
traspasáis su florígero indumento
y besáis sus facciones prometidas.
¡Cuán prodigiosa y alta vuestra suerte,
y en cambio, a un mismo tiempo mi desgracia
cuán terrorífica, rahez y fuerte!
¡Que sólo cuando el dulce sueño espacia
los exactos inciensos de la muerte
puedo entrever de su beldad la audacia!
Con dura pertinacia,
pues, os ruego, Señor, que como un herma
permitáis mi encelado cuerpo duerma.