Caricia que me anuncia tu llegada
al roce de tu seno en mis anhelos.
Olvido mi pasado de flagelos
al sentir tu entrepierna ya entregada.
El roce de tu monte en madrugada
me tiene por las nubes y los cielos.
Retozamos, dementes, cual mozuelos
con toda desnudez desabrigada.
Me enloqueces mujer de las ciudades
por agitar con luz tu cabellera
en despertares de locuras moras.
Podría enumerar tantas bondades
al quemar toda ropa y cremallera
haciendo como vidrio nuestras horas.
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