¿Dónde volaron, dónde, las caricias?
¿dónde se fueron, dónde, los abrazos?
ternezas que jugaban con mi pelo,
cálidas como sol, llenas de luz.
Aletea una blanca mariposa,
quiero volar, volver, al viejo hogar,
sentarme en las rodillas de mi padre,
confiada, abandonarme a su ternura.
¡Extraña mariposa de otros mundos!
fue el batir de tus alas en mis hombros
un juego de caricias inocentes.
complacida mimé tu mansedumbre
y al ver que entre mis manos te quebrabas
con lágrimas te dí la libertad.
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