Extravagante
Poeta recién llegado
En la fotografía detenida,
Carmen se pierde,
como un suspiro que se disuelve
en la brisa del alba.
Sus ojos, dos grietas en el vidrio
de un sueño lejano.
En su imagen, la vida se desliza,
etérea, en su quietud.
El cielo, un velo de seda
sobre su rostro sereno,
parece acariciar su memoria,
como un eco delicado.
Carmen, parece suspirar,
desvaneciéndose en el tiempo,
en ese retrato enclaustrado,
donde habita la calma.
La gente, distante,
la observa con ojos invisibles,
porque en su rostro,
la tierra parece guardar secretos dormidos.
Sus labios, presumen suaves
como un murmullo perdido,
y la luz , en su mirada,
se desliza en promesas tenues.
A veces, en sus ojos,
la luz titila tímida,
como una estrella fugaz
que besa el horizonte.
Pero Carmen, en su silencio,
acoge el misterio,
y en su mirada, el mundo danza
en un suspiro apenas perceptible.
Carmen se pierde,
como un suspiro que se disuelve
en la brisa del alba.
Sus ojos, dos grietas en el vidrio
de un sueño lejano.
En su imagen, la vida se desliza,
etérea, en su quietud.
El cielo, un velo de seda
sobre su rostro sereno,
parece acariciar su memoria,
como un eco delicado.
Carmen, parece suspirar,
desvaneciéndose en el tiempo,
en ese retrato enclaustrado,
donde habita la calma.
La gente, distante,
la observa con ojos invisibles,
porque en su rostro,
la tierra parece guardar secretos dormidos.
Sus labios, presumen suaves
como un murmullo perdido,
y la luz , en su mirada,
se desliza en promesas tenues.
A veces, en sus ojos,
la luz titila tímida,
como una estrella fugaz
que besa el horizonte.
Pero Carmen, en su silencio,
acoge el misterio,
y en su mirada, el mundo danza
en un suspiro apenas perceptible.
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