Jorge Yanes
Poeta fiel al portal
Carne Mecánica. (III)
Jamás tuve un recuerdo más lúgubre
como el de las piernas de mi carnicero.
como el de las piernas de mi carnicero.
O el de la anestecia negra que guardan sus besos.
El menguar de la luna en sus manos.
El menguar de la luna en sus manos.
Por el mes de Abril solía coleccionar olvidos,
sólo podía imaginarlo en la desolación de las notas de acordeón
con la memoria desgarrada por los vientos fébriles del recuerdo.
sólo podía imaginarlo en la desolación de las notas de acordeón
con la memoria desgarrada por los vientos fébriles del recuerdo.
Sólo supe imaginarlo en las espaldas de un león.
Con las zanfonias oseas clavadas en sus ultimas vertebras,
chillando de la desgracia y el pesar de la medianoche
...en el lamento eterno que guardan los talones de la soledad.
chillando de la desgracia y el pesar de la medianoche
...en el lamento eterno que guardan los talones de la soledad.
En el silencio eterno de los puntos suspensivos.
Con la cabeza que le paría enseres de cocina,
atormentado para siempre por la obscuridad intermitente
del incesto que es mirarle a los ojos.
atormentado para siempre por la obscuridad intermitente
del incesto que es mirarle a los ojos.
Con sus piernas heréticas en los bordes del pecado
con los caprichos pintados a mano sobre su pecho
y la lujuría negra tatuada en sus ojos desolados...
con los caprichos pintados a mano sobre su pecho
y la lujuría negra tatuada en sus ojos desolados...
Atragantado de carnavales y colores opacos,
ahogándose en el anhelo de vestir carne ajena...
ahogándose en el anhelo de vestir carne ajena...
Muriendo de amor en las lunas de febrero.
(...)
*a Fritz Haarmann
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