Carretera adelante,
destino a ninguna parte.
Las mismas cunetas
que se repiten en matojos,
en lajas, en flores muertas.
Un lejano horizonte,
perdido e inasible,
se aleja con cada paso.
Encinas, retama
y romero,
olor dulzón y espeso
que llena el aire.
Carretera adelante,
barro y baches
que se disponen
en un ámbito de asfalto.
Carretera que sigo,
camino,
fin en sí mismo
convertido.
Camino hecho noria
de tierra
en que me muevo,
girando sobre un centro
al que gravito
y nunca llego.
Polvo de todos los confines
abrumando la marcha.
Allá, arriba, un cielo gris,
con un sol gris,
que ocultan grises nubes.
Gris inconmensurable
que me hiere el alma
con sus dedos de hielo.
Un paso y otro
y otro más.
Andando en el vacío
con zancos de gigante
para avanzar espacios ausentes.
Soledad y silencio,
nadie con quien compartir
la ruta.
Ruta desprovista de gloria,
de ambiciones,
ruta eterna, que a sí misma
perpetúa.
Triste vereda,
carretera adelante,
que conduce, como la muerte,
a ninguna parte.