Sé bien querida no es tu culpa
Ha sido esa obsesión mía de apoderarme de todo
Del color de tu cuerpo siempre envuelto
Entre la luz y la sombra de nuestro espacio
Despojada de hábito y en eterna espera
De mis ojos turbios
Y de mis manos que a veces, solo a veces,
Recorren tu contorno gélido y mudo
Para quemar la hierba de mis praderas
Sé muy bien querida que nada hiciste en mi tormento
Una belleza incógnita se hizo propietaria
Del reflejo hostil de tu incandescencia
Y terminó por consumir la brevedad de mi cordura
Desde la pared
Donde cuelga el hipnótico poder de tus ojos muertos.
Ha sido esa obsesión mía de apoderarme de todo
Del color de tu cuerpo siempre envuelto
Entre la luz y la sombra de nuestro espacio
Despojada de hábito y en eterna espera
De mis ojos turbios
Y de mis manos que a veces, solo a veces,
Recorren tu contorno gélido y mudo
Para quemar la hierba de mis praderas
Sé muy bien querida que nada hiciste en mi tormento
Una belleza incógnita se hizo propietaria
Del reflejo hostil de tu incandescencia
Y terminó por consumir la brevedad de mi cordura
Desde la pared
Donde cuelga el hipnótico poder de tus ojos muertos.
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