Querido mar, perdona si te escribo,
aunque te siento cerca estás ausente;
de pronto eres, mar, inaccesible,
me imponen una cita para verte.
Tanto tiempo añorando nuestro encuentro,
moverme entre tus aguas suavemente,
con el ir y venir de tu oleaje
y dejar que tu arrullo me embelese.
Tumbarme sobre el manto de tus aguas,
que mis pliegues coincidan con tus pliegues,
y zambullirme por palpar tu fondo,
como un sueño que vuelve de su muerte.
He sufrido tus cambios, tus traiciones,
nada sé del dolor que te enfurece,
ni del rencor que guardas en tu abismo,
mas te confieso hoy, serenamente,
que tu espuma es el cénit de la ola
donde se une mi suerte con tu suerte.
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