azulalfilrojo
Poeta que considera el portal su segunda casa
No sé, si tuve esperanza
-o soñé que la tenía-
de que tal vez algún día
llegaras a comprender
que aquellas medias palabras
que de mi boca salían
y en susurros te decían...;
que las furtivas miradas
y las cómplices sonrisas
que con ansia te buscaban
en todas y cada una
de aquellas pétreas esquinas
y en reflejos se escondían...;
y los roces en la espalda
y aquellas tiernas caricias
cuando tus manos desnudas,
en un instante fugaz,
se encontraban con las mías
y en disculpas se perdían…
Todo fue por no saber
decirte que te quería.
Si me quedé sin palabras
-o soñé que enmudecía-
fue por verte caminar
sobre las blancas arenas
de aquella playa vacía,
de negro contra una mar
que se tintaba de plata
con el sol del mediodía,
desgarrándose en estelas
que empujadas por la brisa
amarraban en tu orilla.
Y aquella cálida noche,
aquella casa en las islas,
aquella esbelta figura
que asomada en el balcón
y mirándome a los ojos
me regaló una sonrisa...
No sé, si morí de amor
-o soñé que fuiste mía-
-o soñé que la tenía-
de que tal vez algún día
llegaras a comprender
que aquellas medias palabras
que de mi boca salían
y en susurros te decían...;
que las furtivas miradas
y las cómplices sonrisas
que con ansia te buscaban
en todas y cada una
de aquellas pétreas esquinas
y en reflejos se escondían...;
y los roces en la espalda
y aquellas tiernas caricias
cuando tus manos desnudas,
en un instante fugaz,
se encontraban con las mías
y en disculpas se perdían…
Todo fue por no saber
decirte que te quería.
Si me quedé sin palabras
-o soñé que enmudecía-
fue por verte caminar
sobre las blancas arenas
de aquella playa vacía,
de negro contra una mar
que se tintaba de plata
con el sol del mediodía,
desgarrándose en estelas
que empujadas por la brisa
amarraban en tu orilla.
Y aquella cálida noche,
aquella casa en las islas,
aquella esbelta figura
que asomada en el balcón
y mirándome a los ojos
me regaló una sonrisa...
No sé, si morí de amor
-o soñé que fuiste mía-
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