Homar Letargo
Poeta recién llegado
Soy un criminalista-criminal un muchacho viejo y no poeta que anda por ahí, buscando en los callejones los suspiros extendidos de la muerte, trepando a los más altos rascacielos para ver cómo se incendia la ciudad y como el dolor perpetuo es la voz de los árboles que siempre están cantando. Soy un hedonista mal vestido corriendo furiosamente para estrellarme contra la pared de los espejos agujerándome los ojos con la belleza de las tardes salpicadas por la tinta. Voy haciendo de la vida un papalote porque los papalotes siempre divierten a los niños y yo quiero divertirme así escribiendo poemas, trotando sobre nubes subterráneas, apagando mis cigarrillos en la espalda de la noche que siempre está sonriendo. Sé que desde la constelación de los perros de caza me miran (nos miran) con unos ojos soberanos, Narval, Acuña, Celan, Alfonsina, Maiakovski, Tralk, Morrison, José Ignacio Fuentes, Farrater, Mishima, Sara teas
(Esta lista sería interminable) y se divierten con nosotros como otros poetas se divirtieron con ellos.
Soy un maldito romántico que acude al cementerio llevando las mejores flores que se cortan en el laberinto del universo para dejarlas sobre la lápida donde están tres metros bajo el lodo mi madre y mi hermano y me hundo cada vez más con ellos cantando esa vieja canción que remueve montañas grises y hace empalidecer al sol
Soy una constante variante de las lágrimas, con una sonrisa desbocada que siempre termina en llanto y no lo entiendo. Soy un borracho que les habla de amor a las sirenas y monto minúsculos minotauros para recorrer el cielo bajo una lluvia de estrellas
Creo en los grandes mitos de la vida, en Adán y Eva ese par de enamorados que se aburrieron del paraíso es un buen ejemplo para decir que la buena vida siempre aburre es mejor estar en contante lucha bajando al interior de nuestro infierno y encontrar la belleza de las pequeñas cosas.
Soy un punto que siempre termina en el aparte un desenterrador de melancólicos violines una letra perdida en el abecedario con el que se escriben los poemas el que brinda con sangre, el bufón de dios, soy un loco enamorado de la vida y de las calles solitarias que me escuchan cuando el mundo está gritando y a todos ensordece. Un mudo que recoge en los patios traseros palabras para darle movimiento a la lengua. Soy un criminalista manchado con la sangre luminosa de la poesía. Soy un hombre que se estremece con la infinita soledad de las estrellas y sin que les importe mucho están brillando. Yo soy la tristeza, un mito que hablan allá en el futuro. El hambre me la quito comiendo grandes dinosaurios, casándome con una osamenta bailarina y cachonda. Soy un cigarrillo que está a punto de apagarse una ciudad habitada por extraños soy un imbécil cortándome las venas esparciendo poemas en el tejado del abismo tengo en mi piel una amplia colección de cicatrices. Soy novio de una chica imaginaria que me abraza y me besa porque sabe que estoy solo. Tengo mil muertes que me invitan al suicidio y otras mil que están esparcidas por la vida pero cuando muera cuando verdaderamente muera no quiero que nadie intente hacerme la necropsia seré yo mismo quien la haga porque muy dentro de mí, atrás del corazón, están los poemas más hermosos que nunca podre escribir y si hay algún otro lugar a donde ir quiero llegar con estos poemas bajo el brazo
Soy un maldito romántico que acude al cementerio llevando las mejores flores que se cortan en el laberinto del universo para dejarlas sobre la lápida donde están tres metros bajo el lodo mi madre y mi hermano y me hundo cada vez más con ellos cantando esa vieja canción que remueve montañas grises y hace empalidecer al sol
Soy una constante variante de las lágrimas, con una sonrisa desbocada que siempre termina en llanto y no lo entiendo. Soy un borracho que les habla de amor a las sirenas y monto minúsculos minotauros para recorrer el cielo bajo una lluvia de estrellas
Creo en los grandes mitos de la vida, en Adán y Eva ese par de enamorados que se aburrieron del paraíso es un buen ejemplo para decir que la buena vida siempre aburre es mejor estar en contante lucha bajando al interior de nuestro infierno y encontrar la belleza de las pequeñas cosas.
Soy un punto que siempre termina en el aparte un desenterrador de melancólicos violines una letra perdida en el abecedario con el que se escriben los poemas el que brinda con sangre, el bufón de dios, soy un loco enamorado de la vida y de las calles solitarias que me escuchan cuando el mundo está gritando y a todos ensordece. Un mudo que recoge en los patios traseros palabras para darle movimiento a la lengua. Soy un criminalista manchado con la sangre luminosa de la poesía. Soy un hombre que se estremece con la infinita soledad de las estrellas y sin que les importe mucho están brillando. Yo soy la tristeza, un mito que hablan allá en el futuro. El hambre me la quito comiendo grandes dinosaurios, casándome con una osamenta bailarina y cachonda. Soy un cigarrillo que está a punto de apagarse una ciudad habitada por extraños soy un imbécil cortándome las venas esparciendo poemas en el tejado del abismo tengo en mi piel una amplia colección de cicatrices. Soy novio de una chica imaginaria que me abraza y me besa porque sabe que estoy solo. Tengo mil muertes que me invitan al suicidio y otras mil que están esparcidas por la vida pero cuando muera cuando verdaderamente muera no quiero que nadie intente hacerme la necropsia seré yo mismo quien la haga porque muy dentro de mí, atrás del corazón, están los poemas más hermosos que nunca podre escribir y si hay algún otro lugar a donde ir quiero llegar con estos poemas bajo el brazo