César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amada Señorita:
Me pides que te ayude a saber si te amo. Te amo. ¿Lo sabrás? Mas no es fácil decirlo. Implica mucho. Todo. Hay palabras poderosas, Señorita, que no deben usarse si no se está seguro de lo que cargan con ellas. Yo puedo usar amor contigo, sin embargo. No sé si aliviará tu incertidumbre. Los hombres carecemos de crédito desde que Adán engañó a Eva, pero él escribió la historia. O la pseudohistoria. Probablemente Eva fue madre soltera y en eso consistió su llamado destierro del paraíso. Discúlpame la irreverencia, Señorita, conoces ya un poco mi pensar. Pensar de cisne negro.
Ni me ocuparé en pensar si tú me amas a mí (si no lo haces, lo cual sería lo lógico) seré no más un viejo muy pendejo. De esos que dan risa y a veces rabia. Seré lo que la vida quiera. Los salivazos no harán sino resbalar sobre la piel de mi cara ¿a quién le importan?
Sabes dónde-cómo encontrarme, Señorita. Supiste entrar. Sabrás salir cuando quieras, estoy seguro. Es el privilegio de la juventud: siempre hay más vida por delante para vivir. Yo estaré en mis viejos quehaceres que me atan y me dan la forma. Mis decisiones anteriores. Amarte amarte no es una decisión, es un reclamo imperante de la vida al que no puedo ni resistirme, ni negarme. Podría hacerlo, sin embargo, pero sería suicidarme. Así es la vida: o amas, o te mueres. Así camines por ahí y la gente piense que estás vivo. Hay muchas maneras de estar muerto. Tú sabes.
¿Que si eres bella? Lo eres. Mucho y demasiado. ¿Que si te pienso? No tienes idea cuánto, no podría explicártelo, no hay números para eso ni palabras. ¿Que si te añoro? Hasta dormido, ni hablar de cuando estoy despierto. ¿Que si te necesito? Como el aire, más, creía un absurdo que a uno le sobrara el aire, pero hasta el aire resulta innecesario, o la sangre, o el estar físicamente vivo. Hay cuestiones más necesarias... como tú en mí.
¿Que si te amo? Sí.
Me pides que te ayude a saber si te amo. Te amo. ¿Lo sabrás? Mas no es fácil decirlo. Implica mucho. Todo. Hay palabras poderosas, Señorita, que no deben usarse si no se está seguro de lo que cargan con ellas. Yo puedo usar amor contigo, sin embargo. No sé si aliviará tu incertidumbre. Los hombres carecemos de crédito desde que Adán engañó a Eva, pero él escribió la historia. O la pseudohistoria. Probablemente Eva fue madre soltera y en eso consistió su llamado destierro del paraíso. Discúlpame la irreverencia, Señorita, conoces ya un poco mi pensar. Pensar de cisne negro.
Ni me ocuparé en pensar si tú me amas a mí (si no lo haces, lo cual sería lo lógico) seré no más un viejo muy pendejo. De esos que dan risa y a veces rabia. Seré lo que la vida quiera. Los salivazos no harán sino resbalar sobre la piel de mi cara ¿a quién le importan?
Sabes dónde-cómo encontrarme, Señorita. Supiste entrar. Sabrás salir cuando quieras, estoy seguro. Es el privilegio de la juventud: siempre hay más vida por delante para vivir. Yo estaré en mis viejos quehaceres que me atan y me dan la forma. Mis decisiones anteriores. Amarte amarte no es una decisión, es un reclamo imperante de la vida al que no puedo ni resistirme, ni negarme. Podría hacerlo, sin embargo, pero sería suicidarme. Así es la vida: o amas, o te mueres. Así camines por ahí y la gente piense que estás vivo. Hay muchas maneras de estar muerto. Tú sabes.
¿Que si eres bella? Lo eres. Mucho y demasiado. ¿Que si te pienso? No tienes idea cuánto, no podría explicártelo, no hay números para eso ni palabras. ¿Que si te añoro? Hasta dormido, ni hablar de cuando estoy despierto. ¿Que si te necesito? Como el aire, más, creía un absurdo que a uno le sobrara el aire, pero hasta el aire resulta innecesario, o la sangre, o el estar físicamente vivo. Hay cuestiones más necesarias... como tú en mí.
¿Que si te amo? Sí.
Marzo y tus dudas / "Señor" / 2014