Maroc
Alberto
Respetable y muy señora mía el objetivo principal de esta humilde carta, un tanto inoportuna, seguramente, debido a sus tantas y tan variadas ocupaciones, es darle mis felicitaciones por el correo que tuvo usted el honor, pues tal puesto me corresponde por tan amplia misiva, de escribir a mi persona el mes de abril del corriente año.
Con dicha carta gemela, por sus detalladas explicaciones, a otras por usted ya escritas tuvo la gentileza de oprimir el timbre de alarma de mi maltrecha memoria y aún así sin invitarme a ello ni interesarse por el fondo del asunto ni mis opiniones como si alguien hubiera iluminado a su persona con algún don inusual para este servidor suyo que le lleva a conocer los hechos en cuestión, que los hay, de principio a fin, desarrollándose en sus letras el tema con el indiscutible y merecido éxito cosechado entre el publico en general.
Aún así he visto con pena que sus amables explicaciones no llevan ninguna invitación para que este hombre insignificante puntualizara algo sobre tan docto y complicado asunto.
El que suscribe; autor de esta atrevida y tosca carta que me permitió, perdóneme, dirigirle sin que tenga el honor de conocer a esta insignificante persona tiene la esperanza de manifestarle a pesar de mi osada libertad, ya por usted conocida, estas letras que no le dirijo como escritor o poeta porque reconozco que carezco de la cultura necesaria para tales lides. No obstante, convencido de que de la discusión y el intercambio de palabras sale la luz y presumiendo, un poco quizá, de escribidor sin permitirme el lujo de emplear términos científicos o/y filosóficos porque los desconozco por completo.
Mi espíritu, un tanto revoltoso, enardecido con algunas dosis de quijotismo me empujó a esta atrevida y temeraria empresa.
En la esperanza de que usted sabrá dispensar el atrevimiento que despliego en esta carta me reitero suyo atento y deseando que tenga un excelente futuro aprovecho esta ocasión para reiterar la seguridad de su más distinguida consideración.
Don Liberado Guerrero Metralleta.
Barcelona 18 de julio de 1936.
Con dicha carta gemela, por sus detalladas explicaciones, a otras por usted ya escritas tuvo la gentileza de oprimir el timbre de alarma de mi maltrecha memoria y aún así sin invitarme a ello ni interesarse por el fondo del asunto ni mis opiniones como si alguien hubiera iluminado a su persona con algún don inusual para este servidor suyo que le lleva a conocer los hechos en cuestión, que los hay, de principio a fin, desarrollándose en sus letras el tema con el indiscutible y merecido éxito cosechado entre el publico en general.
Aún así he visto con pena que sus amables explicaciones no llevan ninguna invitación para que este hombre insignificante puntualizara algo sobre tan docto y complicado asunto.
El que suscribe; autor de esta atrevida y tosca carta que me permitió, perdóneme, dirigirle sin que tenga el honor de conocer a esta insignificante persona tiene la esperanza de manifestarle a pesar de mi osada libertad, ya por usted conocida, estas letras que no le dirijo como escritor o poeta porque reconozco que carezco de la cultura necesaria para tales lides. No obstante, convencido de que de la discusión y el intercambio de palabras sale la luz y presumiendo, un poco quizá, de escribidor sin permitirme el lujo de emplear términos científicos o/y filosóficos porque los desconozco por completo.
Mi espíritu, un tanto revoltoso, enardecido con algunas dosis de quijotismo me empujó a esta atrevida y temeraria empresa.
En la esperanza de que usted sabrá dispensar el atrevimiento que despliego en esta carta me reitero suyo atento y deseando que tenga un excelente futuro aprovecho esta ocasión para reiterar la seguridad de su más distinguida consideración.
Don Liberado Guerrero Metralleta.
Barcelona 18 de julio de 1936.
Última edición: