Megara900
Poeta que considera el portal su segunda casa
Introducción
Despertar, después de doscientos o quinientos días, da lo mismo ignorarlo ahora con exactitud. Sólo veo el tiempo en los otros. La cantidad de escuelas por las que ha pasado aquel niño que conocí a sus diez años. Los kilos que van acumulando los vecinos, los tintes de cabello. Y poder hablarte ahora, después de todo eso. Recordar cuando parecía inimaginable volver a encontrarte. No sé que me parece más patético, la mediocridad de nuestras vidas unidas después de la soledad o simplemente nuestra escasez de sentir.
Es difícil hablar sobre algo cuando se va hacia la nada, y me sorprendo que tengas que aparecer tu en mi final, más sin embargo, aún no me toca hablar plenamente de ti, ya presentaré tu carta. Pero lo cierto de todo esto, es que quizás, fuiste lo más cercano a un amigo que pude tener.
Es cierto eso que cuentan los que regresan de la muerte. Es casi una náusea, una divagación absoluta. No queda tiempo siquiera para arrepentirse. Es por eso que anhelo juntar mis pensamientos para las mínimas personas que influyeron en mi vida.
No es triste buscar el final, si se visualiza este como un descanso, el equilibrio propio de nuestro ser. Es más desgarrador ver cientos de vidas abandonadas a la buena de Dios por las calles. Es sólo que cada quien aprende a sobrevivir su soledad.
Perdónenme quienes me llegaron a querer. Morir no es un acto egoísta, y no es un proceso de un día para otro. Llevo años tratando de aprender a vivir, intentando ocultar esta cara agria de depresión. Las personas lo notan, y lo entienden también pero todos tenemos siempre cosas más importantes, personas más importantes qué atender.
Perdónenme quienes desearon que buscara ayuda, pero jamás podría pagarle a un ser humano porque me escuche y sea mi amigo. Puedo comprar un perro para que me quiera, pero jamás aceptaré la ayuda interesada de otra persona, así me cueste la vida.
Quien no ha vivido en el dolor, en la pérdida constante de lo que se ama, no puede decirme que siga adelante. Seguir adelante es siempre buscar una ilusión difusa de la que aferrarse con fuerza para vivir, a mi ya se me acabaron las fuerzas en tantas ilusiones perdidas, ya no puedo vivir de ilusiones pequeñas rompiéndose siempre. No tengo más corazón para destrozar. Mi vida está destrozada ya, lo único que late aquí por dentro es un dolor inacabable que sofoca mi existencia.
Pero aún así, gracias a todos los que pudieran llegarse a interesar en la lectura de estas cartas, gracias a todos.
Despertar, después de doscientos o quinientos días, da lo mismo ignorarlo ahora con exactitud. Sólo veo el tiempo en los otros. La cantidad de escuelas por las que ha pasado aquel niño que conocí a sus diez años. Los kilos que van acumulando los vecinos, los tintes de cabello. Y poder hablarte ahora, después de todo eso. Recordar cuando parecía inimaginable volver a encontrarte. No sé que me parece más patético, la mediocridad de nuestras vidas unidas después de la soledad o simplemente nuestra escasez de sentir.
Es difícil hablar sobre algo cuando se va hacia la nada, y me sorprendo que tengas que aparecer tu en mi final, más sin embargo, aún no me toca hablar plenamente de ti, ya presentaré tu carta. Pero lo cierto de todo esto, es que quizás, fuiste lo más cercano a un amigo que pude tener.
Es cierto eso que cuentan los que regresan de la muerte. Es casi una náusea, una divagación absoluta. No queda tiempo siquiera para arrepentirse. Es por eso que anhelo juntar mis pensamientos para las mínimas personas que influyeron en mi vida.
No es triste buscar el final, si se visualiza este como un descanso, el equilibrio propio de nuestro ser. Es más desgarrador ver cientos de vidas abandonadas a la buena de Dios por las calles. Es sólo que cada quien aprende a sobrevivir su soledad.
Perdónenme quienes me llegaron a querer. Morir no es un acto egoísta, y no es un proceso de un día para otro. Llevo años tratando de aprender a vivir, intentando ocultar esta cara agria de depresión. Las personas lo notan, y lo entienden también pero todos tenemos siempre cosas más importantes, personas más importantes qué atender.
Perdónenme quienes desearon que buscara ayuda, pero jamás podría pagarle a un ser humano porque me escuche y sea mi amigo. Puedo comprar un perro para que me quiera, pero jamás aceptaré la ayuda interesada de otra persona, así me cueste la vida.
Quien no ha vivido en el dolor, en la pérdida constante de lo que se ama, no puede decirme que siga adelante. Seguir adelante es siempre buscar una ilusión difusa de la que aferrarse con fuerza para vivir, a mi ya se me acabaron las fuerzas en tantas ilusiones perdidas, ya no puedo vivir de ilusiones pequeñas rompiéndose siempre. No tengo más corazón para destrozar. Mi vida está destrozada ya, lo único que late aquí por dentro es un dolor inacabable que sofoca mi existencia.
Pero aún así, gracias a todos los que pudieran llegarse a interesar en la lectura de estas cartas, gracias a todos.