sobre su cabeza la red aurea de estrellas.
ante él, el sudario de bruma nocturna
a sus espaldas, sus propias lágrimas regando el jardín de la existencia.
y como caballero sin espada, deja que las estrellas caigan ante el como una cartografía boscosa de su propia alma
y deja que las nubes, rozando con sus tristezas atadas al corazón, avancen por los cielos como titanes oxidados dueños de la nada yduelistas con su silencio que avanza con sus mismas zancadas.
ante él, las brumas serenas, serenas, serenas que ríen y lloran y escalan los muros de castillos malditos, que descienden hasta las grutas más oscuras y llaman con un ariete a la puerta de los vagabundos, como si fueran malditas estúpidas.
pero al final siempre es la misma cartografía del alma la que le sonríe a las rosas y a las islas entre la luz más oscura.
ante él, el sudario de bruma nocturna
a sus espaldas, sus propias lágrimas regando el jardín de la existencia.
y como caballero sin espada, deja que las estrellas caigan ante el como una cartografía boscosa de su propia alma
y deja que las nubes, rozando con sus tristezas atadas al corazón, avancen por los cielos como titanes oxidados dueños de la nada yduelistas con su silencio que avanza con sus mismas zancadas.
ante él, las brumas serenas, serenas, serenas que ríen y lloran y escalan los muros de castillos malditos, que descienden hasta las grutas más oscuras y llaman con un ariete a la puerta de los vagabundos, como si fueran malditas estúpidas.
pero al final siempre es la misma cartografía del alma la que le sonríe a las rosas y a las islas entre la luz más oscura.
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