Casa abandonada

Mi soledad pasó fugaz y errante,
su casa parecióme un cementerio,
parecía ataúd;
fui llevando un recuerdo agonizante
mi dolor sepulcral, mi monasterio,
matando mi salud.

Me asomé a su jardín que queda en frente
dábale frutos a mi corazón:
cardos con flores muertas;
la noche negra nunca fue consciente,
fue mi aliada la luna y la oración
entre heridas abiertas.

Esperaba en un astro enardecido
con mi mustia emoción casi salvaje
pero allí no vivía;
caí atontado, pálido y vencido,
estuve preso a causa del coraje
con la nostalgia fría.

Allí en el plenilunio y el dolor,
cortó una espada tantos lagrimales
cuando me forjé en llanto.
Me aturdí del sembrado y casto amor,
lloré truenos, granizo, hasta tornado;
su lar fue un camposanto.



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Estimado poeta, el esquema de estos sextetos, herederos de la estrofa manriqueña, me parece aceptable, teniendo en cuenta que has mantenido la estructura del poema hasta el final y que, además, puede haber una disposición visual alternativa compatible con la silva. Las bases permiten, por otra parte, utilizar formas métricas posteriores al S. XVIII. No puedo poner reparos a los signos de puntuación, porque se trata de algo muy personal, de modo que el poema es APTO. Un saludo cordial. Luis
 

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