mauro andres cepeda
Poeta recién llegado
Y prosternado ante el ídolo
Permanece impasible frente a la inmolación del corazón,
como los dioses aztecas ante el sacrificio;
la antes altiva alma se transforma en su grey,
en espera de los besos y caricias,
que como abejas incendiadas desciendan
sobre el bosque otoñal de los atormentados por el dolor,
para que en medio de exaltadas llamas,
arrebaten a las arpías de Dante su dolorida victima
sacudida y estremecida por el delirio enervante del deseo,
por esa belleza voluptuosa y melancólica,
atrayente como aquel mortal abismo del maelstrom;
sinfonía magistral de gaia, himno potente de la vida;
alfa y quizás omega de aquella alma.
Permanece impasible frente a la inmolación del corazón,
como los dioses aztecas ante el sacrificio;
la antes altiva alma se transforma en su grey,
en espera de los besos y caricias,
que como abejas incendiadas desciendan
sobre el bosque otoñal de los atormentados por el dolor,
para que en medio de exaltadas llamas,
arrebaten a las arpías de Dante su dolorida victima
sacudida y estremecida por el delirio enervante del deseo,
por esa belleza voluptuosa y melancólica,
atrayente como aquel mortal abismo del maelstrom;
sinfonía magistral de gaia, himno potente de la vida;
alfa y quizás omega de aquella alma.