Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Frío de muerte
en la piel anciana
de los veinticinco años;
mas, el fuego no cabe en esta casa
donde sólo hay silencio -
y palabras mudas, y ojos que no quieren ver...
¡El sentimiento puro - ese don maldito
que ni siquiera sabemos como llamar
cuando nos abraza y no nos deja respirar...!
Quisiéramos tal vez huir, salvar lo que todavía queda
de nosotros, y no mirar hacia atrás -
pero las calles de esta ciudad nos impiden
y seguimos prisioneros de la propia vida;
encadenados a los restos de esperanza,
nos quedamos esperando el fin -
maldiciendo la hora en la que nacimos...
Maldiciendo las miradas inoportunas,
el gris del paisaje, sol que ciega nuestras pupilas
y la basura con la que tropezamos al andar
por esta tierra maldita del olvido;
las agujas del reloj que señalan
nuestro rápido paso por la eternidad -
y perdidos en el caos de la existencia
que yace en el suelo, caída -
vivimos atrapados en la red de incertidumbre...
Al volver del paseo por la mañana,
sentimos con toda la fuerza
lo inútil que es nuestro esperar;
y no queremos más oír, y no queremos ni pensar -
en la insensatez de este caminar,
el cual nos lleva al olvido...
Soñábamos países de paz y libertad;
¡por los senderos del alma cuán delicioso fue pasear!
Los sueños perdidos en la memoria por siempre contemplar -
y fingir que un sueño puede ser realidad,
¡ahora - nunca - un día - quizás!
Cuando ni siquiera sabemos, qué es felicidad -
ni por qué los ojos no paran de llorar...
¿Cuál es el misterio detrás de las cosas
y cuál el manantial
cuyas aguas a este vacío podrían llenar?
No bastaron las antiguas creencias;
el maná del cielo no nos alimentó
cuando estábamos hambrientos,
no nos calentaron las plegarias nocturnas
cuando descalzos, mendigos y harapientos
cruzábamos los ríos de la amargura -
y en medio del invierno infernal
escondíamos la cara bajo la nieve
para ocultar nuestra desgracia;
llenos de vergüenza y humillación,
sin jamás estrechar la mano para pedir limosna -
cuando solos y sin alma para contar la historia,
sin brazos para aliviar la soledad,
esperábamos a que pase el mal tiempo,
y que venga la recompensa...
Cuando en delirio de un malestar
nos acercábamos al cielo que mientras tanto
se reía de nuestra agonía, de nuestra estupidez -
y que brotaba tempestades...
En el claroscuro de lo vivido,
en la ira al porvenir desconocido,
en el dolor del presente en que cautivo
el corazón se disminuye,
hay en todo la razón acertada
pero invisible antes de morir;
más que un gran 'nada' -
hay algo, aunque no lo sepamos percibir.
[01/09/2013]
Frío de muerte
en la piel anciana
de los veinticinco años;
mas, el fuego no cabe en esta casa
donde sólo hay silencio -
y palabras mudas, y ojos que no quieren ver...
¡El sentimiento puro - ese don maldito
que ni siquiera sabemos como llamar
cuando nos abraza y no nos deja respirar...!
Quisiéramos tal vez huir, salvar lo que todavía queda
de nosotros, y no mirar hacia atrás -
pero las calles de esta ciudad nos impiden
y seguimos prisioneros de la propia vida;
encadenados a los restos de esperanza,
nos quedamos esperando el fin -
maldiciendo la hora en la que nacimos...
Maldiciendo las miradas inoportunas,
el gris del paisaje, sol que ciega nuestras pupilas
y la basura con la que tropezamos al andar
por esta tierra maldita del olvido;
las agujas del reloj que señalan
nuestro rápido paso por la eternidad -
y perdidos en el caos de la existencia
que yace en el suelo, caída -
vivimos atrapados en la red de incertidumbre...
Al volver del paseo por la mañana,
sentimos con toda la fuerza
lo inútil que es nuestro esperar;
y no queremos más oír, y no queremos ni pensar -
en la insensatez de este caminar,
el cual nos lleva al olvido...
Soñábamos países de paz y libertad;
¡por los senderos del alma cuán delicioso fue pasear!
Los sueños perdidos en la memoria por siempre contemplar -
y fingir que un sueño puede ser realidad,
¡ahora - nunca - un día - quizás!
Cuando ni siquiera sabemos, qué es felicidad -
ni por qué los ojos no paran de llorar...
¿Cuál es el misterio detrás de las cosas
y cuál el manantial
cuyas aguas a este vacío podrían llenar?
No bastaron las antiguas creencias;
el maná del cielo no nos alimentó
cuando estábamos hambrientos,
no nos calentaron las plegarias nocturnas
cuando descalzos, mendigos y harapientos
cruzábamos los ríos de la amargura -
y en medio del invierno infernal
escondíamos la cara bajo la nieve
para ocultar nuestra desgracia;
llenos de vergüenza y humillación,
sin jamás estrechar la mano para pedir limosna -
cuando solos y sin alma para contar la historia,
sin brazos para aliviar la soledad,
esperábamos a que pase el mal tiempo,
y que venga la recompensa...
Cuando en delirio de un malestar
nos acercábamos al cielo que mientras tanto
se reía de nuestra agonía, de nuestra estupidez -
y que brotaba tempestades...
En el claroscuro de lo vivido,
en la ira al porvenir desconocido,
en el dolor del presente en que cautivo
el corazón se disminuye,
hay en todo la razón acertada
pero invisible antes de morir;
más que un gran 'nada' -
hay algo, aunque no lo sepamos percibir.
[01/09/2013]
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