josepanton
Poeta recién llegado
Dedicado a Casimiro (inmigrante búlgaro), y
a su inmensa bondad, reflejada en su sonrisa
A orillas del río Iksur te acecharon sueños de pobreza.
No bastaron la miel de Bulgaria, ni el kebapche,
o el compartir con tu familia la parlenka,
recién horneada, para detenerte.
Abeja de un panal sin reina.
Aquí, en España, te aproximaste a la brisa tenue de la dicha.
Pero hay un mandato de sangre que te arrastra hacia tu destino
solitario y errante.
Algunos hombres avaros te robaron media cara.
Tus manos curtidas por las piedras ya no sienten dolor;
porque tu dolor, se muda por las noches de insomnio a Plovdiv
o Sofía; o cabalga sobre el instinto obstinado del Danubio,
cuando por sus aguas se deslizan, pobrísimas barcas,
abigarradas de caras, emborrachadas de hambre.
Con tus manos temblorosas me entregaste todas mis pertenencias (extraviadas): documentos, tarjetas, dinero ., y con las hebras delgadas de tus verdes ojos, zurcí por un instante a mi pobre corazón desnudo.
¡Casimiro! Yo sé tu nombre y dónde vives. Con los hombres buenos que quedan, reconstruiremos tu rostro.
a su inmensa bondad, reflejada en su sonrisa
A orillas del río Iksur te acecharon sueños de pobreza.
No bastaron la miel de Bulgaria, ni el kebapche,
o el compartir con tu familia la parlenka,
recién horneada, para detenerte.
Abeja de un panal sin reina.
Aquí, en España, te aproximaste a la brisa tenue de la dicha.
Pero hay un mandato de sangre que te arrastra hacia tu destino
solitario y errante.
Algunos hombres avaros te robaron media cara.
Tus manos curtidas por las piedras ya no sienten dolor;
porque tu dolor, se muda por las noches de insomnio a Plovdiv
o Sofía; o cabalga sobre el instinto obstinado del Danubio,
cuando por sus aguas se deslizan, pobrísimas barcas,
abigarradas de caras, emborrachadas de hambre.
Con tus manos temblorosas me entregaste todas mis pertenencias (extraviadas): documentos, tarjetas, dinero ., y con las hebras delgadas de tus verdes ojos, zurcí por un instante a mi pobre corazón desnudo.
¡Casimiro! Yo sé tu nombre y dónde vives. Con los hombres buenos que quedan, reconstruiremos tu rostro.