CASTA DE TORO BRAVO
Su casta de toro bravo
dominaba su semblante.
Por sus venas circulaban
torrentes de roja sangre.
Con la frente siempre erguida,
y mirando hacia adelante,
su mirada se clavaba
como la punta de un sable.
Caminaba con orgullo
luciendo palmito y talle.
De todos era querido,
era con todos amable.
El destino y la desdicha
lo trataron miserable.
Sin trabajo y sin futuro
se dirigía al desastre,
pero siempre una sonrisa,
y una respuesta elegante,
aunque sus ojos de fuego,
de mirada lacerante,
reflejaban que su suerte
se tornaba degradante.
Su entereza le impedía
mendigarle el pan a nadie,
y enfrentaba resignado
sus desvelos y sus hambres.
Buscó trabajos diversos
en los campos, en las calles,
pero el país era pobre
y trabajaba de balde.
Un día se lo encontraron
colgando del Puente Grande,
y hasta muriendo exhibía
su dignidad impecable.
xxx
Churrete