Castigo.

Elizabeth Flores

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Castigo.

Una nube gris acompaña mi recuerdo
de un domingo fúnebre con sabor a hiel.
Testigo de la más cruel y mísera injusticia.
Sentado en un rústigo banco,
manos temblorosas
y ojos de fuego,
responde al saludo de su hija
con un látigo funesto,
látigo que marcó por siempre
una profunda cicatriz
en tan frágil corazón,
y es que soltó la fiera que llevaba dentro.
¿Tenía que descargar tanto odio reprimido?
¿Por qué descargarlo en tan frágil ser?
Y es que: levantó tempestades borrascosas,
arrastrándola hasta besar el sordo suelo.
Ahí estaba, humillada, indefensa,
temblando de impregnante frío,
sí : grabó su odio en su débil cuerpo,
y su sangre fría
traspasó su ropa blanca.

¿Por qué tanto odio a una frágil flor
con sus pétalos cerrados?
Así quedó, humillada hasta la tumba,
con olor a muerte caminó a terminar
lo que su padre había empezado.
La muerte burlesca la llamaba
con voz suave y tentadora,
perdida, enredada en caminos
que ella misma trazaba
y a la muerte no encontraba,
el destino no dejaba.

Sus lágrimas con olor a sangre envenenada,
caían como gotas de rocío
acariciando sus místicas mejillas.
Por sus poros tiernos y suaves
asomaban gotas de sangre inocente
que gritaban ahogandose
en laceradas heridas
y el sol tan imponente se rindió
y congeló su cuerpo,
sus rayos vacilantes
no dieron respuesta a tan cruel
castigo sí: acarició su piel
que destilaba la inocencia
y que aún buscaba esa tumba
que imprecisa la llamaba.

Su mirada perdida hacia el vacío
con ojos nublados
y espíritu vencido, estaba ahí
frente a un sendero estrecho y pedregoso . .
Envuelta en un negro manto
de desolación y de impotencia
como atravesada por un intrépido puñal
prendido del odio y la amargura.
Respiro aún el dolor de aquel fatal día,
recordarlo no quiero,
porque me ahogo y muero,
cerrar mi mente quisiera,
porque este recuerdo mata.

Seguirán las heridas entreabiertas
del cruel y sangriento castigo,
que de aquel domingo fui testigo.

Elizabeth Flores.

27-06-12



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Última edición:
Amiga ELIZABETH, el penetrante aroma de tus versos
impregna mi alma con tu maravillosa sensibilidad.
Gracias por darme la oportunidad de disfrutar de este exquisito
regalo en forma de poema. Maravilloso de principio a fin.
hermoso pero triste poema sobre esa niña golpeada
por la frustración de un ser que no puede llamarse persona.
Espero que tu poema solo sea inspiración y no realidad.
Un beso y reputación.
 
'Castigo'

Una nube gris acompaña mi recuerdo
de un domingo fúnebre con sabor a hiel.
Testigo de la más cruel y mísera injusticia.
Sentado en un rústigo banco, manos temblorosas y
ojos de fuego responde al saludo de su hija,
con un látigo funesto,
látigo que marcó por siempre una profunda cicatriz
en tan frágil corazón,
y es que soltó la fiera que llevaba dentro.

Tenía que descargar tanto odio reprimido?
Por qué descargarlo en tan frágil ser.
Y es que levantó tempestades borrascosas,
arrastrandola hasta besar el sordo suelo.
Allí estaba, humillada, indefensa,
temblando de impregnante frío,
si, allí dejó su odio en su débil cuerpo,
hasta que su sangre fria traspasó su ropa blanca.

Por que tanto odio a una frágil flor
con sus pétalos cerrados?
Así quedó, humillada hasta la tumba,
con olor a muerte caminó a terminar
lo que su padre habia empezado.
La muerte burlesca la llamaba
con voz suave y tentadora,
perdida, enredada en caminos
que ella misma trazaba
y a la muerte no encontraba,
el destino no dejaba!!.

Sus lágrimas con olor a sangre envenenada,
caían como gotas de rocío
acariciando sus místicas mejillas.
Por sus poros tiernos y suaves
asomaban gotas de sangre inocente
que gritaban ahogandose en laceradas heridas
y el sol tan imponente se rindió y congeló su cuerpo,
sus rayos vacilantes no dieron respuesta a tan cruel
castigo, si, acarició su piel, que destilaba la inocencia
y que aún buscaba esa tumba
que imprecisa la llamaba.

Su mirada perdida hacía el vacío
con ojos nublados
y espíritu vencido, estaba alli
frente a un sendero estrecho y pedregoso .
Allí estaba ella envuelta en un negro manto
de desolación y tristeza,
como atravezada por un intrépido puñal
prendido del odio y la amargura.
Respiro aún el dolor de aquel fatal día,
recordarlo no quiero porque me ahogo y muero,
cerrar mi mente quisiera, este recuerdo mata.
Estan allí las heridas entreabiertas
de aquel sangriento castigo,
que de aquel domingo fuí testigo.

De;Elizabeth Flores.



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Elizabeth
Hay castigos que permanecen más allá de las cicatrices del cuerpo
permanecen como heridas abiertas en el alma...
Estremecedor relato versado.
Te felicito y dejo estrellas y cariños
Ana
 
Permanecen como heridas abiertas en el alma..acertadas tus líneas amiga; te abrazo con todo mi cariño; besos!!!
 
Gracias Poetisa Mary es algo real y es que hay padres que deberían llamarse monstruos; ya tendrán su castigo ; besos linda!!!!
 
'Castigo'

Una nube gris acompaña mi recuerdo
de un domingo fúnebre con sabor a hiel.
Testigo de la más cruel y mísera injusticia.
Sentado en un rústigo banco, manos temblorosas y
ojos de fuego responde al saludo de su hija,
con un látigo funesto,
látigo que marcó por siempre una profunda cicatriz
en tan frágil corazón,
y es que soltó la fiera que llevaba dentro.

Tenía que descargar tanto odio reprimido?
Por qué descargarlo en tan frágil ser.
Y es que levantó tempestades borrascosas,
arrastrandola hasta besar el sordo suelo.
Allí estaba, humillada, indefensa,
temblando de impregnante frío,
si, allí dejó su odio en su débil cuerpo,
hasta que su sangre fria traspasó su ropa blanca.

Por que tanto odio a una frágil flor
con sus pétalos cerrados?
Así quedó, humillada hasta la tumba,
con olor a muerte caminó a terminar
lo que su padre habia empezado.
La muerte burlesca la llamaba
con voz suave y tentadora,
perdida, enredada en caminos
que ella misma trazaba
y a la muerte no encontraba,
el destino no dejaba!!.

Sus lágrimas con olor a sangre envenenada,
caían como gotas de rocío
acariciando sus místicas mejillas.
Por sus poros tiernos y suaves
asomaban gotas de sangre inocente
que gritaban ahogandose en laceradas heridas
y el sol tan imponente se rindió y congeló su cuerpo,
sus rayos vacilantes no dieron respuesta a tan cruel
castigo, si, acarició su piel, que destilaba la inocencia
y que aún buscaba esa tumba
que imprecisa la llamaba.

Su mirada perdida hacía el vacío
con ojos nublados
y espíritu vencido, estaba alli
frente a un sendero estrecho y pedregoso .
Allí estaba ella envuelta en un negro manto
de desolación y tristeza,
como atravezada por un intrépido puñal
prendido del odio y la amargura.
Respiro aún el dolor de aquel fatal día,
recordarlo no quiero porque me ahogo y muero,
cerrar mi mente quisiera, este recuerdo mata.
Estan allí las heridas entreabiertas
de aquel sangriento castigo,
que de aquel domingo fuí testigo.

De;Elizabeth Flores.




Ufffffffff

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ufffffffff. mi querida Eli, desgarradoras letras,la violencia cualquiera esta sea solo merece repudio.
Es una enfermedad que si no se ataja a tiempo, ocurren finales terribles, fuertes y reales letras amiga.
Saludos y mi abrazo marino para ti, naty

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Gracias linda tienes toda la razón; la violencia es una enfermedad del corazón de quienes la practican; te abrazo con todo cariño; besos!!!
 
eliz, cuanto dolor veo en este poema,
pero no es solo dolor de ti al hacerlo, es
dolor de mi al vivirlo de niña...
sabes que tambien veo, que ayer estuve a punto de castigar
a mi hija, y solo el recordar las experiencia mía, me abstuvo,
no quisiera jamas desahogar mi ira como lo hacían conmigo..
eliz, tu poema es tan profundo que duele, ufff!!!
y te aseguro que nada , nada bueno puede decir de la persona que
golpea a un ser débil he indefenso...son detestables para mi...
 
Me tocaste, no es esa la palabra, me traspasaste el alma, linda ya tendrán su recompensa, nunca uses la violencia, es el peor cáncer del ser humano que envenena toda una vida, gracias por ser mi maestra , tú sabes jejejeje, abrazos!!
 
Castigo.

Una nube gris acompaña mi recuerdo
de un domingo fúnebre con sabor a hiel.
Testigo de la más cruel y mísera injusticia.
Sentado en un rústigo banco, manos temblorosas
y ojos de fuego responde al saludo de su hija
con un látigo funesto,
látigo que marcó por siempre una profunda cicatriz
en tan frágil corazón,
y es que soltó la fiera que llevaba dentro.
¿Tenía que descargar tanto odio reprimido?
¿Por qué descargarlo en tan frágil ser?
Y es que levantó tempestades borrascosas,
arrastrándola hasta besar el sordo suelo.
Allí estaba, humillada, indefensa,
temblando de impregnante frío,
si, allí dejó su odio en su débil cuerpo,
hasta que su sangre fría traspasó su ropa blanca.

¿Por qué tanto odio a una frágil flor
con sus pétalos cerrados?
Así quedó, humillada hasta la tumba,
con olor a muerte caminó a terminar
lo que su padre había empezado.
La muerte burlesca la llamaba
con voz suave y tentadora,
perdida, enredada en caminos
que ella misma trazaba
y a la muerte no encontraba,
el destino no dejaba!!.

Sus lágrimas con olor a sangre envenenada,
caían como gotas de rocío
acariciando sus místicas mejillas.
Por sus poros tiernos y suaves
asomaban gotas de sangre inocente
que gritaban ahogandose en laceradas heridas
y el sol tan imponente se rindió y congeló su cuerpo,
sus rayos vacilantes no dieron respuesta a tan cruel
castigo, si; acarició su piel que destilaba la inocencia
y que aún buscaba esa tumba
que imprecisa la llamaba.

Su mirada perdida hacía el vacío
con ojos nublados
y espíritu vencido, estaba allí
frente a un sendero estrecho y pedregoso .
Allí estaba ella envuelta en un negro manto
de desolación y tristeza,
como atravesada por un intrépido puñal
prendido del odio y la amargura.
Respiro aún el dolor de aquel fatal día,
recordarlo no quiero porque me ahogo y muero,
cerrar mi mente quisiera, este recuerdo mata.
Están allí las heridas entreabiertas
de aquel sangriento castigo,
que de aquel domingo fuí testigo.

De; Elizabeth Flores.


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se siente el dolor del que fue testigo, me encanto pasar a leer su escrito, le dejo estrellas buenas noches........
 
Elizabeth:
Ilustre poetisa

La ignorancia, el machismo, ideas traídas de la prehistoria,
dan sustento a la formación de padres
con actitudes y acciones cavernícolas,
en la mayoría de los casos solo fomentan la violencia
y el menoscabo de la autoestima en sus hijos.

Padres formadores de victimas inocentes
de seres que no tuvieron el amor del padre y muchas veces,
personas que arrastran un sentimiento de culpa
sin tener nada
de que se les pueda reprochar.

Padres ejecutores de doctrinas aberrantes,
hijos hambrientos de amor
con cicatrices eternas,... en su corazón.


Doloroso relato,… Triste pasado,…
Enorme valor hay en tu publicación.

Con mi admiración, mi aplauso y las estrellas
que señalen como las de Belén
tu resplandor.


fernando

OSITO LINDO.





 
Castigo.

Una nube gris acompaña mi recuerdo
de un domingo fúnebre con sabor a hiel.
Testigo de la más cruel y mísera injusticia.
Sentado en un rústigo banco, manos temblorosas
y ojos de fuego responde al saludo de su hija
con un látigo funesto,
látigo que marcó por siempre una profunda cicatriz
en tan frágil corazón,
y es que soltó la fiera que llevaba dentro.
¿Tenía que descargar tanto odio reprimido?
¿Por qué descargarlo en tan frágil ser?
Y es que levantó tempestades borrascosas,
arrastrándola hasta besar el sordo suelo.
Allí estaba, humillada, indefensa,
temblando de impregnante frío,
si, allí dejó su odio en su débil cuerpo,
hasta que su sangre fría traspasó su ropa blanca.

¿Por qué tanto odio a una frágil flor
con sus pétalos cerrados?
Así quedó, humillada hasta la tumba,
con olor a muerte caminó a terminar
lo que su padre había empezado.
La muerte burlesca la llamaba
con voz suave y tentadora,
perdida, enredada en caminos
que ella misma trazaba
y a la muerte no encontraba,
el destino no dejaba!!.

Sus lágrimas con olor a sangre envenenada,
caían como gotas de rocío
acariciando sus místicas mejillas.
Por sus poros tiernos y suaves
asomaban gotas de sangre inocente
que gritaban ahogandose en laceradas heridas
y el sol tan imponente se rindió y congeló su cuerpo,
sus rayos vacilantes no dieron respuesta a tan cruel
castigo, si; acarició su piel que destilaba la inocencia
y que aún buscaba esa tumba
que imprecisa la llamaba.

Su mirada perdida hacía el vacío
con ojos nublados
y espíritu vencido, estaba allí
frente a un sendero estrecho y pedregoso .
Allí estaba ella envuelta en un negro manto
de desolación y tristeza,
como atravesada por un intrépido puñal
prendido del odio y la amargura.
Respiro aún el dolor de aquel fatal día,
recordarlo no quiero porque me ahogo y muero,
cerrar mi mente quisiera, este recuerdo mata.
Están allí las heridas entreabiertas
de aquel sangriento castigo,
que de aquel domingo fuí testigo.

De; Elizabeth Flores.


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Excelete poema dejo estrellas y saludo.Zulcas
 

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