Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sabiéndote aún respirando quimeras, cierro los ojos y levo anclas mecida en eones y me pregunto si tal vez, soy yo y no el destino, el que inadvertidamente ansía abrazar condicionales.
Desde niña, elevé a los altares ese amor perfecto de cuento de hadas, - ¡tanto necesitaba que me salvaran! - y me embutí en una clámide de humo y me ceñí una corona de utopías. Cada estadía, desde entonces, fue un cúmulo de castillos derruidos, denostados anhelos blandiendo la divisa de una tierra infértil. En ese descubrir, que del trono hice un reclinatorio y de la torre un fortín inexpugnable, me asomo al espejo del ayer y contemplo las tumbas abiertas de mis paladines. Nunca supieron elegir las armas pues jamás fueron conscientes de la batalla. Quizás, en el fondo de mi alma, no deseara poner un final feliz y por eso, buscaba amores tullidos aunque los vivía tan intensamente, que me dejaban exhausta.
Despierta corazón y vuela, vuela, ¡vuela!... y grita tu latido a mi ángel de la guarda. Ya no necesito salvadores. ¡Ya salí de mi atalaya!. Sólo necesito contemplar su luz cada mañana...
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